Este 2014 no ha sido un buen año para el periodismo. Pese a que, tal y como lo destacó la presidenta de Reporteros Sin Fronteras España, Malén Aznárez, han disminuido un poco los asesinatos, han sido 12 meses “bastante malos y siniestros” debido a las ejecuciones “brutales y terroríficas”. Además siguen existiendo periodistas encarcelados, exiliados por dictaduras y todavía son muchos los que no pueden ejercer su profesión.

Parte de esas ejecuciones atroces a las que alude Aznárez han sido las perpetradas por el Estado Islámico. “Estos asesinatos han podido ayudar a que la gente sea consciente de los riegos a los que se enfrenta un periodista porque han sido tan brutales, que cualquiera que los haya visto no puede permanecer indiferente. Por otro lado, todo esto es un arma de doble filo, ya que dar esas imágenes también implica darles publicidad, que es precisamente lo que ellos quieren”, opina Aznárez.

De este modo, el yihadismo ha incrementado los riegos a los que se enfrenta un periodista, logrando que Siria o Irak sean “tremendamente peligrosos”, explica Aznárez, que también señala otros países: Libia, donde han muerto cuatro periodistas y numerosos secuestros; Gaza (siete muertos); Ucrania (seis muertos y numerosos secuetros); Pakistán, donde los asesinatos “son recurrentes” y México, donde la violencia sigue siendo una constante.

Así, todo esto ha hecho que el periodismo sea una profesión mucho más peligrosa que hace 20 años. Desde entonces, los peligros a los que se enfrentan han evolucionado. “Los periodistas han pasado de ser bajas a ser objetivos deliberados de todo tipo y de una forma cada vez más radicalizada. Por ejemplo, en Siria son rehenes del yihadismo con amenazas en directo. Todo esto tiene, además, una consecuencia directa: ha cambiado la información”, apunta Aznárez.

Ese cambio en la forma de hacer información ha resultado determinante en los costos que conlleva. Cada vez resulta más costoso tener a un corresponsal en una zona de conflicto y la mayoría de los que cubren una zona así son de tipo freelance, lo que supone una evidencia: la falta de información. La consecuencia es que llega propaganda de todos lados e incluso los periodistas locales no se atreven a contrastar las informaciones por las amenazas. De este modo, no hay información. Y si no hay información, no hay democracia.