Sin respaldo de la nueva AFA, Bauza se fue en apenas ocho partidos. Un ciclo demasiado corto para un técnico de la selección, síntoma de la decadencia institucional.

Como era de esperarse, la determinación del nuevo presidente de la AFA, Claudio Tapia, de prescindir de los servicios de Edgardo Bauza a cargo de la dirección técnica de la selección Argentina no sorprendió a nadie. El Patón no logró afianzar la identidad de juego que intentó imponer en el equipo en apenas ocho partidos y cosechó (malos) resultados, que inevitablemente contribuyeron al malestar general y su posterior salida.

Con una nueva dirigencia que en su momento no vio con buenos ojos su contratación, más el andar irregular en las Eliminatorias, la situación era la ideal para cortar un ciclo corto, otro más como los últimos.

Desde Bielsa en adelante, sólo Sabella realizó la campaña clasificatoria de manera completa. Un síntoma que hace retroceder al futbol argentino a un pasado que trae muy malos recuerdos, cuando los técnicos duraban menos que un cigarrillo y se llegó a tocar fondo quedando afuera del Mundial de México 70 contra Perú en la mismísima Bombonera.

Fue a partir de entonces que los encargados de tomar las decisiones se propusieron mantener los proyectos a pesar de la presión popular y hasta política. De esa forma, la Albiceleste llegó a lo más alto del mundo.

Conocida es la situación que vivió Carlos Bilardo previo a la consagración en México 86, con una campaña mediática implacable en su contra y hasta el presidente Raúl Alfonsín presionando desde la Casa Rosada a favor de su destitución.

Es contradictorio para nuestra historia futbolística volver a caer en un error que se cometió en el pasado, además de que actualmente la llegada de otro entrenador no garantiza el éxito ni el cambio de actitud de un grupo de jugadores que tomará las decisiones independientemente de quien sea el que se siente en el banco a dirigir.

Si Bauza mantuvo “el club de amigos” a pesar de las derrotas, fue porque se negó a ser el líder tirano de los tiempos difíciles para evitar “un motín en el barco”. A veces los capitanes debían recurrir a un consenso general para lograr la armonía, llegar a un acuerdo e impedir una anarquía que derivaría en el final. No sería la primera ni la última vez que un director técnico tuvo que negociar con sus dirigidos para evitar una conspiración.

En ese caso, sólo quedaba esperar hasta después de Rusia 2018 para una vez terminado el ciclo de varios de los referentes de esta selección, formar un equipo prácticamente nuevo con Simeone a cargo del cuerpo técnico. El más indicado para comenzar un proyecto a largo plazo, ya que ocho técnicos en los últimos 12 años hablan de una crisis institucional que continuará en caso de que no vuelvan a mantenerse los ciclos que duren mínimamente cuatro años.

Luis Gimenez