Te pienso como en una continuidad, como en un estado que viene de un nivel precedente junto a otro que le sucederá. Te pienso así, viviendo en otra abstracción diferente a la mía, pero viviendo, siempre viviendo. Enciendo hoy tu recuerdo, próximo al que debería ser un día festivo, que en otros años eran días de agasajo por otro año más, hoy sólo rememoración. Vacía y extraña rememoración. ¿Qué me dejaste? una profunda tristeza que alcanza el ahogo, un temblor en el alma al nombrarte, una biblioteca llena de ejemplares leídos y por leer, largos trechos de discusiones, de debates, de justa postura ante la vida.

¿Qué omitiste? explicarnos el sendero sinuoso de tu partida apresurada, la confusión de los que quedamos en pie perdidos en la nada, la entera transformación de las cosas, el nuevo vivir de los seres deambulantes que te sobrevivieron y con la herida abierta aprendieron a sostenerse.

Todo así reunido, todo en el peso de mi cuerpo, en el duro y esforzado transcurrir de los días. Dejo que el silencio cierre mis palabras y te despido así, con estas líneas y con el amor más grande que hacia un padre se pueda sentir.