La única clínica de Holanda dedicada a la práctica de la eutanasia recibió casi el triple de pedidos obtenidos en 2012, cuando abrió sus puertas. Hasta agosto de 2017, de las 2.000 solicitudes recibidas se han aprobado 650: el resto se han denegado por no responder a los requisitos que establece la ley. El número de eutanasias representa el 4% de los fallecimientos contabilizados en 2016.

“Actualmente contamos con 52 equipos formados por un médico y una enfermera que se desplazan al lugar del paciente. Con la creciente demanda, en un año necesitaremos el doble de personal, un centenar de equipos” aseguró a EFE Annerieke Dekker, portavoz de la Clínica para Morir (Levenseindekliniek en neerlandés), ubicada en La Haya.

Esta organización privada asiste a pacientes cuyos médicos de cabecera no desean o no pueden practicar la eutanasia alegando falta de tiempo o motivos éticos. En su mayoría se trata de personas con demencia o algún tipo de enfermedad psiquiátrica.

“Para los pacientes con demencia y otras enfermedades psiquiátricas, es muy difícil determinar si toman la decisión de forma consciente y voluntaria. Por eso nuestros médicos valoran que el resto de criterios se cumplen”, sostiene Dekker.

Padecer un dolor insoportable y sin perspectivas de curación son algunos de los criterios y además se analiza la situación en la que la persona pide morir.

Si bien para Dekker el exceso de demanda se debe a una mejora de la información sobre la ley, para la miembro del programa médico de apoyo y asistencia a la eutanasia Marianne Dees es una consecuencia de la falta de responsabilidad de los médicos hacia sus pacientes.

Si bien la demencia o las enfermedades psiquiátricas generan polémica, desde que en 2002 Holanda se convirtiera en el primer país del mundo en legalizar la eutanasia, el estricto marco legal dentro del que se practica evitó que surjan casos polémicos.