Déjenme soñar con que la Nochebuena será buena, traerá algo bueno y seremos más buenos…

Más allá de que crean  que un Niño nació para redimirnos, y que luego sufrió y murió por nosotros, no podrán negarme que encierra una magia especial aquilatada a través de tantos años. Qué digo años! Dos milenios!

Tampoco creerán en Papá Noel y sin embargo su roja panza redondísima y su voz extraña, su barba blanquísima y sus renos en los escaparates de los negocios, alumbrados por cientos y cientos de luces de colores que se encienden en esta época, también traen al corazón  algo especial.

Y ni hablar de esa música entre tintineante y alegre que resuena por todos los medios de difusión.

Y ni hablar de la mirada fulgurante de los niños que -aunque en el fondo perciben que se trata de algún truco televisivo o de internet-esperan ansiosos su llegada.

Y ni hablar de la alegría de poder reunirnos para decirnos: ¡Te quiero!

A veces no nos veremos lo suficiente o lo que desearíamos vernos, pero estamos aquí, comiendo lo que no deberíamos comer porque es verano y toda la comida de Navidad tradicional es para invierno, pero lo hacemos igual, porque estamos juntos y porque queremos hacerlo y porque queremos decirnos un montón de cosas que tal vez no nos dijimos durante el año y que con sólo chocar nuestras copas y abrazarnos quedarán dichas en esa Nochebuena.

Déjenme soñar con que esta Nochebuena será buena para todos.

Es mi deseo para todos los que lean estas líneas.