Actualmente ocurre que muchos niños y adolescentes asisten a escuelas que brindan una educación propia del siglo XX, siendo que estos chicos son los llamados millennials, cuya era es más bien la del siglo XXI, con su modo de vincularse cada vez más multimedial, o audiovisual, y que ha ido desplazando poco a poco al texto impreso, e incluso al mismo texto digital.

Este desfasaje entre lo actual y lo clásico, viene dando diversos resultados, al parecer, más negativos que positivos, debido a que la evolución de las tecnologías y de las formas de comunicarse, hicieron que la información se volviera mucho más rápida y accesible para todos, pero a la vez esto hizo que los chicos sean muy «visuales» y prefieran ver imágenes antes que leer los textos que el docente les pide.

Sin generalizar, se puede decir que un porcentaje de estudiantes que no logra seguir el ritmo de los programas de estudio, padece, según los especialistas, del llamado «déficit de atención», cuando la verdad es que simplemente se han adaptado a los tiempos que vivimos, donde todo está al alcance de la mano, y para saber algo basta con hacer doble clic en un buscador.

Los programas de estudio actuales apuntan a que el alumno adquiera conocimientos generales en grandes cantidades, pero al priorizar la teoría y desdeñar la práctica, no garantizan su posterior inserción en el mercado laboral, y entonces muchos millennials prefieren abandonar sus estudios universitarios para buscar la experiencia laboral que valide sus conocimientos, mediante cursos a distancia, bootcamps, seminarios intensivos, etcétera.

Desde varios flancos se viene analizando qué hacer con respecto a esta problemática, ya que algunos políticos, educadores, especialistas e investigadores de la educación, y hasta los mismos estudiantes, hacen su aporte para transformar este desfasaje en la armonía necesaria para que cada estudiante sienta ganas de ir todos los días a la escuela, y que la luz al final del túnel educativo los aliente con recompensas reales, en vez de la contradicción del egresado que no encuentra un espacio donde validar su título, o la del que no tiene título y quiere dar sus primeros pasos como empleado pero absurdamente le exigen experiencia en el rubro, o la del que tiene experiencia pero, como ya rebasó los veintipico de años, para el mercado laboral es viejo.

Juan Pablo González

@Hadonauta