Con frecuencia y lastimosamente, estamos expuestos a personas de tan variada edad todos los días que quizás es esa la disfunción misma de nuestra sociedad, quizás por eso jamás logramos entendernos. El cruce y choque de generaciones implícita en este mar de gente trae en cada individuo una experiencia distinta, cada una con sus traumas y aprendizajes. La complejidad que implica el destiempo en cada uno de nosotros es probablemente nuestra condena y perpetua maldición. Si bien el idioma ha hecho bastante ya para solucionar algunos problemas también es el culpable de otros. Quizás hasta acá suene fatalista pero seguro que más adelante me tildarán de hippie. Considero que si hay salvación, es amar. Sí, amar para estar en estado de confusión y entrega absoluta por el bienestar del otro.

Este fin de semana estuve con mi abuela, sin saber si era la última vez; irónicamente ella pensaba lo mismo cada vez que me iba del país. El poco tiempo que pasamos juntos me hace aferrarme más a ella y a los recuerdos que tengo de chico; como cuando solucionábamos el país y al mundo entero en una conversación, que entre milanesas y puré hacían de mi almuerzo favorito. A pesar de la diferencia de edad que hay entre nosotros el amor es el único lazo que permite asumir las posiciones en las que nos encontramos ahora, frente a frente. Mientras se recostaba sobre su delicada espalda, yo preparaba la cucharada de pan negro disuelto en leche caliente y todo para enseñarme la más valiosa de las enseñanzas que me deja: “La vida, Pauli, es cíclica.”, imaginé que me susurraba mientras se acostaba satisfecha de haber comido.

Nacemos sin saber que vamos a morir. Cuando nacemos, somos todo menos nuestro nombre. Somos sobrinos, primos, hermanos, hijos y nietos. Luego al ser chicos queremos ser grandes y cuando grandes queremos ser chicos. Pasa el tiempo y nuestras responsabilidades cambian. De ser hijos, pasamos a ser padres y luego abuelos. El hecho de que el tiempo no sea algo tangible complica profundamente su manipulación; idea que me lleva a pensar que la única forma de materializar el tiempo es el recuerdo; Pero ¿Será que ese sentimiento de nostalgia es el sentimiento más cercano a revivir aquello que nuestra laboriosa consciencia no ha logrado borrar con los años? ¿O será que simplemente es la repetición de los años la que se encarga de hacernos sentir con mayor vigor aquello que recordamos?

Paulo Srulevitch
@PauloSrulevitch