Analistas tratan de determinar que le sucede a la generación de los millenials y no saben si está confundida o simplemente es consciente de que prefiere ignorar la realidad. El acceso que tenemos todos en el siglo veintiuno, supera la lejanía física entre distintas partes del mundo. Un sujeto se queda absolutamente quieto mientras una pantalla llena de hipervínculos lo re-direcciona a miles de sitios distintos. La generación nacida durante la década de los ochenta y noventa, enfrenta la tecnología como un aparato que al encontrarse bajo su dominio con un switch de encendido y apagado, encendemos nuestra atención o hacemos caso omiso de ella. 

Considero que al venir de una generación que creció casi a la par de la evolución cada vez superadora de los video juegos de Nintendo, Microsoft y Sony, hoy respondemos a la tecnología de la misma forma que lo hacíamos cuando queríamos jugar Mario, Crash Team Racing o FIFA. Nunca estuvimos interesados en entender a la tecnología como una herramienta útil porqué somos la generación que prefirió la tecnología para el entretenimiento. Aprendimos a entretenernos más rápido con videojuegos que con un libro. ¿A cuántos no les pasó que una vez jugando su video juego favorito, las ansias de tocar los botones y desesperadamente cumplir todas las metas del juego, se percató de leer las instrucciones del mando de controles porque meses después descubrió un botón que nunca había utilizado antes?

Hoy las páginas mayormente visitadas por los jóvenes son las redes sociales donde prima, claro, el entretenimiento. Se trata de “lugares” con un constante fluir de personalidades de todos los círculos sociales imaginables. Analistas proponen mirar este espacio como plataforma para el contacto. Difiero rotundamente dado que las plataformas mismas imponen un modo de uso al que todos nos tenemos que limitar y un contacto real entre sujetos no está limitado absolutamente por nada y muchos menos si se trata de su interactividad. Insisto en considerar que, como bien lo comentaba Juan Pablo Gonzalez en artículos anteriores, no somos parte de un proyecto educativo fusionado a las tecnologías emergentes sino la generación que quedó atrapada en un desfase entre la educación estática del siglo veinte y la tecnología progresivamente acomplejada del siglo veintiuno.

Por eso deseo creer, quizás de forma bastante conservadora, que los propósitos que mí generación le da a la tecnología es entretenimiento puro y duro. Eso queremos; llegar a casa de la facultad o del laburo y para procrastinar, preferimos quedarnos horas dándole inicio al feed de Twitter, Facebook, o Instagram para que cargue algún video que nos llame la atención y nos haga reír o cruzarnos con alguna foto y enterarnos de un montón de gente que ni siquiera conocemos. No digo que esté mal, de hecho muchas veces formo parte de esa monótona rutina, pero pienso que quizás estar entretenidos puede ser productivo.  Ya ignoramos, durante suficiente tiempo el hecho de que internet es verdaderamente el acceso a absolutamente lo que se nos ocurra, por eso si el sistema educativo nos ha fallado, no podemos fallar en educarnos solos. Es hora de darle el uso que el internet se merece, el uso que cada uno quiera.

Paulo Srulevitch
@PauloSrulevitch