Dos grandes conglomerados de alimentación mundiales están involucrados en el escándalo de la carne en Brasil. Según las autoridades de la Policía Federal de aquél país, se vendían productos en mal estado y adulterados para pasar desapercibidos.

BRF y JBS, dos grandes multinacionales del mercado alimenticio están en el ojo de la tormenta luego de que la policía de Brasil hallane más de 20 establecimientos frigoríficos, donde halló aún más evidencia que confirma las sospechas: el país exportó alimentos en mal estado.

BRF es la dueña de marcas como Sadia y Perdigao. Posee además ocho plantas en Argentina, donde compró cinco de las marcas más conocidas: Vienísima; Avex; Bocatti; Campo Austral y Tres Cruces.

JBS también pisa fuerte en el mercado argentino, con Swift y Cabaña Las Lilas como marcas de primera línea.

Según la policía brasileña, la carne era maquillada con ácidos: se utilizaban diferentes productos químicos para “disimular las características físicas del producto podrido y su olor”, indicó Mauricio Moscardi, jefe de la Policía Federal.

Las investigaciones de las autoridades cariocas concluyeron también en que hubo una gran “cadena de sobornos” que incluye a los empresarios y a las autoridades nacionales que deben controlar la calidad y el estado de los productos. Así, los productores pagaron sobornos para sortear los controles y para extender fechas de caducidad de los alimentos que no se vendieron. BRF y JBS actuaron ilegalmente para lograr vender esos productos que ya no estaban para ser consumidos.

El número de detenciones solicitada por los investigadores asciende a 27. Entre ellos se encuentran empleados públicos, entre ellos varios trabajadores de Sanidad. Además, ya se encuentran bajo custodia 38 funcionarios del gobierno, que pertenecen al Partido del Movimiento Democrático Brasileño, de Michel Temer, y otros son del Partido Progresista (PP).

Unión Europea, China, Corea del Sur y Chile son algunos de los mercados que ya bloquearon la importación de carne brasileña. Hong Kong, China, Egipto, Rusia e Irán son los mayores consumidores de vacuno, mientras que Arabia Saudita, China, Japón, Emiratos Árabes Unidos y Hong Kong los de pollo brasileño.