François Fillon es el nuevo campeón de la derecha francesa. Y Nicolas Sarkozy es ya historia. El antiguo presidente de la República admitió su derrota, anunció que en adelante apoyaría al que fue su primer ministro y sugirió, con el rostro abrumado, que no volvería a librar ninguna batalla política. Se despidió con un “hasta la vista”.

Fillon, aupado por una inesperada mayoría de casi el 45% de los votos en la primera vuelta de las primarias, hizo un discurso casi presidencial, como si estuviera a punto de entrar en el palacio del Elíseo. El otro finalista, Alain Juppé, prometió “mantener el combate”, pero con mínimas esperanzas.

François Fillon no es una figura carismática. Y su programa no contiene un gramo de populismo. Absolutamente liberal en lo económico y rotundamente conservador en lo social, Fillon promete reducir en 100.000 personas el número de funcionarios, subir dos puntos el IVA para bajar los impuestos a las empresas, restablecer la autoridad en las calles y las escuelas, reafirmar el orgullo francés y establecer una estrecha alianza con Vladimir Putin e, indirectamente, con el presidente sirio Bashar el Assad. Propone una reforma drástica del sistema laboral y asistencial: fin de la jornada de 35 horas semanales, retraso de la edad de jubilación y subsidios regresivos a los desempleados. Como detalle, le gustaría que en las escuelas volviera a imponerse el uniforme.