“11, mi cumpleaños”, dice Gustavo Cerati en la letra de “# (Numeral)”, –el track escondido de su último y flamante disco, “Fuerza natural”– en referencia  a la fecha de su aniversario. Su letra trata sobre la numerología y los números mágicos, siendo el epílogo de un viaje en el cual no hay que tener miedo a perderse en el camino y cuyo destino es incierto, pero lo que importa es hacer el recorrido y disfrutarlo. Aquella canción, es una especie de síntesis de todo el álbum, compuesta esencialmente por una fusión de una suave carga de guitarras acústicas junto a una enérgica carga de guitarras eléctricas, siendo esto el reflejo de una expresión pura del folk psicodélico.  

“Nací en Barracas. Soy de leo, aparentemente con ascendente en leo, aunque me rijo más por el calendario maya, soy perro solar. Soy muy fan de los mayas. Tengo una particular atracción con esa cultura”. Ese testimonio del líder de la mítica banda Soda Stereo –quien había nacido el 11 de agosto de 1959–, pertenece a un reportaje hecho por la periodista Mariana Arias en el ciclo televisivo “Dímelo tú”, emitido por canal América a principios de enero de 2006. Curiosamente, la fecha del inicio del calendario maya con la llamada “Cuenta larga” fue el 11 de agosto del año 3114 a.C.

“Uno a veces hasta termina siendo premonitorio de uno mismo”. Eso es lo que había comentado Cerati en abril de 2010, en una conversación telefónica con el periodista Alberto Revoredo para una nota dirigida al diario “El Comercio” de Lima, Perú, justo un mes antes de que tuviera un ataque cerebrovascular isquémico el 15 de mayo, luego de haber dado un concierto en el campo de fútbol de la Universidad Simón Bolívar en la ciudad de Caracas, Venezuela. Aquella noche, donde todo había sido perfecto, antes de darle los primeros acordes al tema “Deja vu”, había expresado una frase que anunciaba un período de incertidumbre: “Éste es el último show de esta parte de la gira, quién sabe hasta cuándo”. Dos días después, había quedado en estado de coma en el centro médico “La Trinidad” en Venezuela. Volvería a su tierra natal (Buenos Aires, Argentina) veintiún días más tarde. Pasaría cuatro meses en el Sanatorio FLENI y luego sería trasladado a la Clínica ALCLA el 24 de octubre del mismo año, donde viviría sus últimos años persistiendo en el mismo estado, clínicamente estable y sin cambios significativos pero con sutiles mejorías.

Varios meses antes de su ACV, Gustavo ya había empezado a soltar mensajes raros y llamativos. “Después de este disco, creo que puedo morirme tranquilo”, le había dicho al periodista Gustavo Bove en un off the record en agosto de 2009. En el documental de “Fuerza natural”, el autor de “Cactus” afirmó: “Si yo me retirara ahora en este momento, me iría contento, por Fuerza natural”. En otra nota en septiembre de 2009, esbozó que su nuevo material discográfico podía llegar a ser un buen cierre de su carrera en caso de retirarse: “El entusiasmo me lleva a pensar que este disco sería un buen legado si dejara de grabar discos”. Todas esas extrañas declaraciones que había dado en diversas entrevistas, se habían convertido en ecos de una premonición. Fue como si los impulsos de su mente subconsciente, hubiesen salido a la luz anunciando una circunstancia adversa que él no esperaba vivir

“El estado de coma aparece simbólicamente en Fuerza natural. El haber vivido ese suceso, lo coloca a Gustavo en una situación superior con respecto a las experiencias que nos hacen crecer espiritualmente”, reflexiona Anastasia Chomyszyn, quien fue su novia y la que definió el look que adoptó Soda Stereo en los años 80.

A pesar de que el diagnóstico de los médicos de ALCLA era un estado de coma, había un segundo diagnóstico hecho por neurólogos de diversas instituciones médicas que vieron a Gustavo, y que coincidía con la detección de signos de conciencia esporádicos que los miembros de su familia veían en él con claridad. Según esa diagnosis, esos rastros eran la evidencia de que estaba en un estado de mínima conciencia: Gustavo reconocía voces, respondía a estímulos, movía sus ojos cerrados, obedecía a órdenes sencillas, movía su boca con la intención de hablar, ladeaba su cabeza cuando alguien entraba a la habitación, o sus pulsaciones subían cuando percibía la presencia de viejos amigos. “Yo miraba los monitores y los monitores no mienten. Cuando Gustavo se emocionaba por algo, sus pulsaciones aumentaban. Eso indicaba que una parte de él todavía estaba”, asegura su madre, Lillian Clarke. De hecho, a fines de 2010, poco después de ser admitido en ALCLA, fue trasladado a un centro de alta complejidad para ser sometido a una resonancia magnética funcional. Se demostró que, al haber sido expuesto a cierto tipo de música que conscientemente reconocería, algunas partes de su cerebro asociadas a las emociones se encendían.

Fueron cuatro años y tres meses de vigilia, 51 meses, 1.570 días, aguardando con esperanza y fe que sucediera un milagro: que el astro del rock despertara de su sueño profundo, es decir, que recuperara plenamente su conciencia. Durante ese largo compás de espera, sus fans continuaron celebrando su cumpleaños cada año como un ritual, cantando sus canciones con guitarras criollas y acústicas en el muro de un estacionamiento frente a la clínica donde estaba alojado, y en reuniones realizadas en el Planetario Galileo Galilei, un lugar emblemático para ellos debido a que ahí se filmó el videoclip del tema “Zoom” de Soda Stereo, del cual fueron partícipes. En todo ese período, el álbum místico “Fuerza natural” continuó vigente e íntegro al igual que su creador.

Gustavo nos dejó su hermosa, inmensa y eterna obra musical para disfrutar cuantas veces queramos. Marcó una bisagra en la historia del rock Argentino dejando una huella única e imborrable. Fue un héroe de la música y de la vida. Su corazón se volvió delator de su presencia durante el largo tiempo en el que permaneció dormido en el cuarto de una clínica privada, en un clima de silencio y contemplación, con su cuerpo intacto habiendo sido un músico con fuerza natural. Estuvo acá con nosotros. Y seguirá estando siempre que escuchemos una canción suya. Nada más queda, sólo su legado.

Luciano Ingaramo