Después del tercer y peor año que ahora califica como una verdadera depresión, Venezuela ha perdido alrededor de una quinta parte de su producción. “Se podría decir que esta es una economía de guerra”, dijo José Manuel Puente, economista del Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas. “Pero este año las cifras de Venezuela son peores que las de las economías en guerra”.

Este panorama ha generado la escasez de dos tercios de los bienes básicos. Esta situación obliga a la gente a hacer largas colas para adquirir alimentos subsidiados —también es muy complicado conseguir papel higiénico—, que se suma a la sequía de dólares por la drástica caída de los precios del petróleo, generador del 96% de las divisas en este país dependiente de las importaciones.

Otro efecto de este desastre es la emigración de venezolanos a diferentes partes del mundo, entre ellas Uruguay. De acuerdo al semanario Búsqueda, la Dirección Nacional de Identificación Civil entregó 2.576 documentos a venezolanos el año pasado; mientras que la Dirección Nacional de Migraciones registró el ingreso por “diferentes vías” de 12.108 ciudadanos de Venezuela en 2016. En 2015 habían sido 13.728 los venezolanos que arribaron al país.

No obstante, esta realidad no es reconocida por el presidente Maduro. En su burbuja quiere “llevar la verdad al mundo”. Es más, cree que al finalizar 2016 salieron “más maduros”, valga o no la redundancia. “Algo debe tener este presidente obrero (refiriéndose a él mismo) para resistir cuatro años de guerra mundial”, declaró lo más suelto.

El pasado 28 de diciembre el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), organización no gubernamental dedicada al estudio de la violencia en Venezuela, presentó su informe anual de 2016 con cifras alarmantes que ubican el país como el segundo más violento del mundo y a Caracas como la ciudad más peligrosa del mundo.

“Contando con fuentes primarias oficiales y con las informaciones de terreno recabadas en los seis observatorios regionales de violencia, para 2016 estimamos una tasa de 91,8 muertes violentas por cada cien mil habitantes y un total de 28.479 fallecidos en todo el territorio nacional, que deriva de la suma de los homicidios legalmente aceptados como tales, que estimamos en 18.230 casos”, indica el informe. En 2016 en Siria murieron 17 mil personas, entre ellas 2.000 niños; en Venezuela, sin guerra oficial se superó esta cifra en casi 12 mil personas.

Según la OVV, en 2016 aumentó el uso de un armamento más poderoso y letal por parte de los delincuentes: la proliferación del uso de granadas en enfrentamientos con los cuerpos policiales, situaciones de secuestros y en conflictos dentro de las prisiones. El uso de armamento de guerra permitió no solo enfrentamientos abiertos en batallas defensivas con las fuerzas de seguridad, sino el pase a la ofensiva con emboscadas y ataques a las sedes policiales.