En el juego de la Oca electoral de los últimos días, Mauricio Macri acaba de adelantar cuatro casilleros, que se combinan con algunos retrocesos de Sergio Massa y de Daniel Scioli que han empezado a marcar, a cuatro meses y medio de las PASO y a casi siete de las generales, que por estas horas existe alguna inercia ganadora para el PRO.

A la incorporación de la figura de Carlos Reutemann a las filas de quienes buscan una alternativa más republicana de gobierno, el jefe de Gobierno porteño le sumó como segundo hito el apoyo que consiguió la semana pasada el titular de la UCR, Ernesto Sanz en la Convención de su partido en el mismo sentido, para ir a una compulsa dentro de la misma interna.

Lo interesante del caso es que espacios importantes de las dos corrientes nacionales y populares de la Argentina, ambas estatistas de corazón, están privilegiando cuestiones institucionales que los encolumnan con un partido nuevo, cuyos postulados son de complemento a la fuerza que suele tener el sector privado cuando le sacan de encima la pata del Estado.

Si la fórmula del PRO ganara las PASO, la doble jugada política le ha permitido a Macri consolidar la provincia de Santa Fe, hacer pie entre los chacareros de la Pampa Húmeda, sobre todo en el interior de la provincia de Buenos Aires y comprar estructuras consolidadas en muchas provincias, ya que la UCR calcula que llegará a tener ocho o nueve gobernadores propios y cientos de intendentes, incluso en aquellos distritos donde existen acuerdos con el Frente Renovador.

Ya desde la discusión mediática y en materia económica, la tercera casilla hacia adelante también la ocupó Macri con oportunismo político, cuando dijo que el 11 de diciembre se terminará el cepo cambiario. Es verdad que en el tema de los ajustes que vendrán habrá que tomar muchas medidas, algunas bastante graves de carácter fiscal sobre todo, pero la discusión derivada de que si se restaura la confianza todo se puede, obligó al Gobierno a balbucear respuestas más de ocasión que de técnica económica. No todo es tan mágico y no es cierto que con certidumbre únicamente van a llover los dólares, pero tampoco todo será tan caótico como pronosticó el Gobierno en cuanto a que se volverá a la política de endeudamiento.