Por azar me entero de que Lanata dijo que si volviera el kirchnerismo, sería volver para atrás 20 años. No me interesa por qué lo dijo, ni que opinan sus detractores, sólo me dejo llevar por la frase, y pienso en cuántas cosas empeoraron en el mundo en los últimos veinte años, a nivel ecológico y social, humano. Cuántas cosas hicimos y permitimos, en nombre del falso progreso, en nombre de la ignorancia, o peor, en nombre de la indiferencia. Esas mismas cosas que nos pruducen quejas, son muchas veces producto de las mismas cosas que supimos anhelar, sin pensar en las consecuencias.

Un medio ambiente en deterioro, una competencia feroz, entornos laborales que evidencian que la esclavitud sólo ha mutado y que fue falsa la supuesta abolición. Términos como «marketing agresivo» se incluyen en ofertas laborales, dando a entender que el puesto será para el candidato que sea capaz de vender algo utilizando la agresión, y no puedo evitar pensar en la paradoja de un mundo donde se combaten diferentes violencias sociales pero a la vez no sólo se la permite en un entorno laboral sino que se la exige.

Hace 20 años esta era digital que se jacta de acercarnos cada vez más no existía o estaba en pañales, y hasta entonces todavía nos manteníamos verdaderamente cerca, no como ahora, que miramos todo a través de pantallas, que por más que evolucionen, siguen siendo inferiores a la percepción del ojo humano en cuanto a calidad de imagen, y que nos esclavizan con su dependencia y consumismo, al hacernos perseguir el último modelo de la mejor marca de celular, porque la comparación lleva a la envidia, y la envidia lleva la desmedida codicia que empuja a un ser humano (y al elegir estas palabras, «ser» y «humano» hago una pausa y digo «sí, todavía somos humanos») a robarle el teléfono a un transeúnte, y que no se resista porque si no le pega o lo apuñala o le dispara, como si el celular valiera más que una vida, con todo lo que implicó que esa vida alcanzara esa edad, esas competencias, esos logros que ha obtenido, y que si queda en pie, probablemente odie a ese ladrón y le desee la muerte, a pesar de que la vida del ladrón también vale más que el celular, aunque el enojo y los discursos de la intolerancia lo rebaje y lo compare con lo peor, al punto de hacernos sentir que hay personas que no merecen tener los mismos derechos, aunque también sean humanos.

Juan Pablo González

@Hadonauta