Las extrañas ruinas de una construcción en medio de la selva misionera despertaron la imaginación de los habitantes de la zona, hasta los hallazgos de objetos que comprobarían la leyenda urbana de que hubo simpatizantes del régimen nazi escondidos ahí tras la Segunda Guerra Mundial.

Posteriormente al término de la Segunda Guerra Mundial, con la derrota alemana en manos de los ejércitos aliados, muchos jerarcas nazis buscaron asilo en Sudamérica para evitar ser juzgados por los crímenes cometidos durante el conflicto que dejó a Europa en ruinas.

En esta parte del mundo consiguieron el refugio buscado. Países como Argentina, Brasil y Paraguay fueron los sitios elegidos de los genocidas, tal vez por el respaldo político que recibían de parte de los gobiernos locales para llevar a cabo su último fin: Morir impunes, como fue el caso de Josef Mengele.

Hace tres años en San Ignacio, Misiones, comenzó la investigación de las ruinas de una construcción imperceptible para el Google Earth, en medio de una selva de difícil acceso en la actualidad, que los habitantes de la zona daban por hecho desde hacía décadas como refugio de un alto mando del nazismo alemán. Una leyenda urbana, hasta ahora.

Tras el hallazgo en el 2015 de una lata de membrillo que en su interior tenía fotos de Hitler y Mussolini, además de monedas de países de Europa oriental que fueron invadidos por los nazis, el arqueólogo Daniel Schávelzon, autor del libro “Arqueología de un Refugio Nazi en Argentina”, y uno de los encargados de la investigación, afirmó en Ambito.com que dichos objetos “debían pertenecer a un soldado de tropa que guardó todo durante las invasiones”.

El lugar tiene varias pruebas de haber sido construido para ser habitado por una persona acostumbrada a utilizar ciertas comodidades que no eran usuales para la época en esa zona, como un inodoro con porta papel higiénico, además de los materiales usados para su construcción, también fuera de contexto.

A pesar de la evidencia encontrada, para el arqueólogo, el sitio “prácticamente no fue usado”, tal vez porque una vez en el país, el seguidor del Fuhrer en busca de refugio se encontró con un panorama mucho más alentador del esperado. Sin la necesidad de esconderse en un lugar prácticamente inhóspito, la hospitalidad de las autoridades permitió que muchos vivieran en las ciudades con otras identidades.