A partir del atentado a Charlie Hebdo, vengo cuestionándome las posturas  hipócritas que asumimos los humanos en distintas circunstancias de la vida que son de conocimiento público. Todavía recuerdo la gran cobertura mediática del suceso, transmitido casi por cadena “voluntaria” por cuanto medio se sintonizara. El mundo reaccionó con una indignación monumental, y en todas las plazas en adhesión a lo sucedido en París, se marchó con el lema: “Todos somos Charlie”.

No quedé  conforme con aquél slogan y en su momento lo comenté  con algunos allegados. Sin embargo hoy – a partir del terrible atentado terrorista del 24 de noviembre del corriente en Egipto- siento la necesidad de publicarlo aunque pocos puedan enterarse de mi postura, y aun conociendo de antemano que me expongo a la tergiversación de mis palabras como es de práctica actualmente con respecto a muchos de los sucesos que nos acontecen. No importa, lo asumo.

Decía que aquél slogan me molestaba y me molesta. No sería necesario explicar el por qué si tuviéramos una  mirada cuidadosa y le diéramos la trascendencia que se merece a algunas noticias tales como:

-12-12-2016: Más de doscientas personas muertas y quinientos heridos en atentados terroristas en los países de Turquía, Iraq, Nigeria, Somalía, Egipto y Yemen.

-18-05-201767 Muertos en atentado terrorista en Siria, de los cuales cinco eran mujeres, cinco eran niños,  veintisiete eran oficiales y diez cadáveres más, que no pudieron ser identificados.

-7-06-2017: Siete muertos y treinta y tres heridos en dos atentados en Irán uno en el Parlamento Iraní y otro en un Mausoleo al sur de Teherán.

-18-08-2017: Un joven suicida se hizo estallar provocando la muerte propia, de un soldado y cinco heridos.

24-11-2017: Trescientos cinco muertos por atentado terrorista en una Mezquita  al norte de Sinaí en Egipto.

He tomado unos pocos ejemplos al azar pero hay muchos, pero muchos más. Sin embargo, más allá de la noticia puntual anunciada el día en que se produjeron, no se efectuó cobertura alguna que se asemejara -ni de lejos- a la que se hizo con Charlie.

En el caso de la revista en cuestión, se reivindicó el derecho a la libertad de prensa aunque sus tapas fueran burlonas y casi ofensivas.

Cuánto más entonces habría que reivindicar el derecho de hombres mujeres y niños a transitar libremente por las calles, o rezar a su propio dios en su templo, sin la amenaza constante de volar por los aires. Me compadezco de las familias que no han podido ni reconocer el cadáver de sus muertos destrozado por las explosiones.

Por eso  me pregunto: ¿es que hay seres humanos de primera y otros de cuarta? ¿La pacificación y la reconciliación con la que se llenan la boca políticos y clérigos y que  es deseable en el mundo para evitar dolorosos enfrentamientos, se va a lograr protegiendo y reivindicando el dolor sólo de occidente? ¿Oriente es un mundo aparte y no interesan las pérdidas que allí se producen? ¿Es así como pensamos terminar con el terrorismo?

Aclaro que no tengo las respuestas y menos la solución a este gravísimo problema, lo único que tengo en claro es que así como lo estamos encarando no va.

Por eso es que reitero Yo no Soy Charlie Hebdo, y deseo fervientemente que cada muerte por el terrorismo que nos azota, tenga idéntica cobertura y acompañamiento que Charlie.