Estados Unidos ha vivido la última pesadilla de su imparable cadena de masacres con armas de fuego.

En la tranquila localidad de Parkland (30.000 habitantes), a una hora en coche al noroeste de Miami (Florida), un exalumno expulsado por indisciplina ha abierto fuego en la escuela secundaria Stoneman Douglas dejando un reguero de sangre y espanto con al menos 17 muertos y 15 heridos, según ha informado la policía local.

La masacre supera a la de Columbine (1999) donde hubo 15 muertos incluyendo a los dos tiradores adolescentes, estudiantes del centro.

Las balas empezaron a resonar pasadas las dos de la tarde hora local. Alrededor de hora y media después, el sheriff del condado de Broward, donde se encuentra Parkland, comunicaba que el tirador había sido detenido y trasladado en ambulancia a un hospital.

El responsable de la masacre es el joven Nikolas Cruz, de 19 años y expulsado del Stoneman Douglas hace un año. Fuentes del Pentágono citadas por la agencia France Presse han asegurado que había emprendido un programa de entrenamiento militar junior.

El atacante disparó dentro y fuera del instituto –donde inició su matanza– con un rifle AR-15 e iba preparado con numerosos cargadores. Según el senador Bill Nelson, Cruz accionó la alarma de incendios y, tapado con una mascarilla, fue lanzando bombas de humo y acribillando a la gente que se iba encontrando en medio de la neblina que provocó. Posteriormente, salió del instituto camuflado entre los alumnos que huían del tiroteo.