En un contexto en el que la tecnología avanzó como nunca antes, en pleno siglo XXI, el manejo de la información está en las manos de muchos “periodistas”: personas que, con el solo hecho de tener Twitter, ya se creen como tal.

En la televisión, los periodistas tomaron la costumbre de utilizar la primera persona; igualmente, el problema no es la subjetividad, ya que si lo dice un sujeto, la declaración nunca será objetiva. Pero el problema es cuando se sienten protagonistas. Muchos periodistas  –está mal generalizar-,  desean ser el centro de atención y estar por encima de los deportistas.

Hay programas en los cuales surgen escenas que traen a la mente de muchos el sketch de Peter Capusotto y sus videos: “Cuatro gordos hablando de fútbol”, en el que resume en un video exactamente lo que es la labor del periodista deportivo actual en televisión: sentarse en una mesa y discutir sobre “si el técnico de Boca hizo bien el cambio del partido que se jugó hace tres semanas”, cuando hay temas muy importantes en el país que tienen que ver con el mundo deportivo:

Hace unas semanas, la campeona paralímpica Yanina Martínez se había quedado sin su pensión por discapacidad. Se había visto afectada por la suspensión de pensiones por parte del Ministerio de Desarrollo Social. La persona que estuvo viendo ese tipo de programas en televisión, seguramente no se haya enterado de ese suceso.

“El 30 por ciento de programa haciendo jodas entre ellos y el que no ve el programa todos los días no va a entender” es una frase del sketch de Capusotto, una parodia a los programas deportivos actuales.

Lo que actualmente ocurre en los programas deportivos de la televisión parece más bien un programa de chimentos, en el que muchas veces se habla sobre la vida privada de los deportistas en vez de investigar, comentar sobre noticias deportivas e informar a la sociedad que mira programas deportivos con ese mismo fin: informarse.

Al existir esa clase de periodismo deportivo, trae la consecuencia del pensamiento de la sociedad, en la que muchos receptores hablan de la profesión como si fuese nada más “vender humo”: revelar una información como si fuese cierta, sin tener fuentes para poder confirmar la noticia. Eso echa a perder el trabajo de muchos buenos periodistas, que investigan hechos y no se los tiene en cuenta a la hora de juzgar la profesión.

Magalí Robles