La combinación de éxtasis con alcohol puede desencadenar un cuadro conocido como “golpe de calor”, con alto riesgo de deshidratación. Se han registrado casos en los que el consumidor sufre taquicardia, mareos, vómitos, calambres, nerviosismo, e incluso paranoia. Un cóctel para nada recomendable.

La ingesta de la droga sobreestimula el sistema nervioso, produce hiperactividad física y mental en la medida en que se consuma, y como muchas otras drogas, produce desinhibición. Los principales síntomas de una sobredosis de éxtasis o derivados son los siguientes: deshidratación, hipertensión, hipertermia y taquicardia.

Existe riesgo de deshidratación en personas con alta actividad física que olvidan beber agua, dado que la droga puede inhibir la percepción del cansancio, del hambre, y de la sed, siendo esta última hasta ahora la única causa de muerte. En este sentido la ingestión de alcohol agrava los riesgos potenciales ya que colabora con la deshidratación.

En contraste, también han sido registrados casos de hiponatremia (deficiencia de sodio) por exceso de agua. Además, el éxtasis reduce la sensación de sueño, lo cual puede llevar a episodios de insomnio a corto plazo. En cuanto los efectos más directos del MDMA desaparecen, el individuo empieza a sentir el cansancio y agotamiento al cual ha sometido su cuerpo y mente.