El Día de la Memoria no tuvo acto oficial de parte del Gobierno, predicador del relato que considera “guerra sucia” al genocidio ocurrido durante la última dictadura.

A 41 años del golpe de Estado cívico militar de 1976 que dio origen a una de las etapas más oscuras del país marcada por el terrorismo estatal, no es casual que en una fecha tan emblemática como el “Día de la Memoria” no haya un acto oficial encabezado por el presidente Mauricio Macri, de misión diplomática en Holanda.

El mandatario integra un gobierno en legitimo ejercicio del poder que defiende firmemente la vieja Teoría de los dos demonios, como parte de una política negacioncita que vuelve a instalar el polémico debate sobre la cifra de desaparecidos de la última dictadura, una de las consignas a reivindicar en la jornada de hoy por los organismos de Derechos Humanos que convocaron a una marcha masiva hacia la Plaza de Mayo con el fin de reafirmar una vez más que en Argentina hubo un genocidio.

Un plan sistemático planificado por distintos sectores civiles para implantar un modelo económico que llevó a cabo medidas predicadas actualmente por los fundamentalistas del libre mercado que trabajan en la Casa Rosada. El equipo de gobierno sin ideologías que aseguraban previamente a las elecciones presidenciales del 2015 era solo un montaje.

Sería ingenuo desconocer la postura oficialista con respecto a dicho acontecimiento histórico, que tampoco es nuevo (sería injusto responsabilizarlo). Es el retorno de un relato que trata de justificar los crímenes de lesa humanidad como consecuencia de una guerra frente al “enemigo interno” y que va en contra del relato kirchnerista, que tampoco inventó nada.

De hecho, fue el mismo Macri quien cuestionó en una entrevista el año pasado el número de víctimas cuando afirmó que no sabía “si fueron 9 o 30 mil” y llamó “guerra sucia” a la represión vivida desde marzo del 76 hasta el regreso a la democracia en 1983.

Luis Gimenez

@GimenezLuis77