La segunda parte del mitico film Trainspotting de 1996 se verá desde hoy en los cines argentinos. Inspirada en otra novela de Irvine Welsh y nuevamente con la dirección de Danny Boyle y sus protagonistas originales en escena, la nueva aventura refleja el reencuentro de los cuatro marginales de Edimburgo después de 20 años de cuentas pendientes.

A pocas horas del estreno de “T2 Trainspotting”, secuela de la icónica película de mediados de los 90 que marcó a más de una generación de todo el mundo, miles de fanáticos argentinos esperan ansiosos conocer que fue de la vida de los cuatro jóvenes inadaptados de Edimburgo durante estas dos décadas de ausencia de las salas de cine.

La segunda parte del filme de culto de 1996, contará con el aporte indispensable del director Danny Boyle y sus cuatro protagonistas originales, que a diferencia de la problemática existencial de un grupo de amigos que no le encontraban la vuelta a la vida dentro de un contexto de heroína y marginalidad típica de una época, parecen lidiar también con problemas acordes a su edad e intentan saldar las deudas del pasado una vez que Mark Renton (Ewan Mc Gregor) regresa a Escocia después de 20 años.

En esta nueva aventura inspirada en la novela “Porno” de Irvine Welsh, sabremos si Renton, Begbie (Robert Carlyle), Sick Boy (Jonny Lee Miller), y Spud (Ewen Bremner) dejaron de ser esos drogadictos fracasados con la única meta de conseguir dinero fácil y consiguieron una forma de vivir más honesta y menos toxica de la que solían tener. De todas maneras, parece difícil imaginárselos dentro de los parámetros normales considerados por la sociedad.

Más allá de la expectativa generada en los espectadores en base a la nostalgia por una obra original que en su momento fue comparada con otras películas de carácter similar como “La Naranja Mecánica” o “Quadrophenia”, parece imposible superar la huella en la cultura noventera que produjo la obra inspirada en el libro del mismo nombre. Por tal motivo, queda en el criterio de cada uno saber apreciar si la frase que afirma que “las segundas partes no son buenas” y que muchas veces parece ser una regla, es en  este caso, solo un mito más.

 Luis Gimenez

@GimenezLuis77