El nacido en Cipoletti, Sebastián Heiland, tuvo una fatídica velada. Un bajo nivel boxístico, y una molestia en una de esas rodillas. Todo mal para quien aspiraba a una victoria que depositara en un posible enfrentamiento con Golovkin. Charlo fue mucho mas y le arrebató la victoria.

Noche de boxeo en el Barclays Center de Brooklyn. El Argentino Heiland se media ante el local, el Estadounidense Jermall Charlo, quien llegaba con pergaminos y un gran respaldo, bajo el ala de Floyd Mayweather.

Desde el comienzo, al zurdo Rionegrino se lo notó con pocos recursos en frente, el moreno de 27 años, mejor parado y con una presencia más marcada y afirmada, en el cuadrilátero.
En el segundo round, Charlo mandó a la lona al Argentino. Allí, se pudo divisar un inconveniente en la rodilla de Hiland. La misma, se habría resentido de una vieja lesión. No obstante, se habla de la molestia, pero que esta, ya venia desde antes de subir al ring.
Con esa “incapacidad”, y una diferencia en cuanto a lo boxístico, bastante notoria, Jermall Charlo comenzó a manejar el combate a su merced.

Los golpes no parecían ser lo suficientemente certeros, ni tan contundentes como para un KO, pero eran sentidos por el del rival.La sucesión de los puños contra  su rostro, fueron diezmando cada vez más a Sebastián. El local, hizo un trabajo fino, y paciente. A sabiendas que tarde o temprano, la pelea llegaría a su fin, y con una nueva victoria.

Heiland se sostuvo todo lo que pudo. De hecho, en cada round que finalizaba, el medico de la contienda se acercaba para observarlo y dialogar con el. En el cuarto asalto, una sucesión de golpes provocó que el “visitante” fuera otra vez a la lona. Esta vez, quedó “drogui”, al punto que intentó levantarse, tambaleó, y el juez tuvo que apresurarse a sostenerlo para que no cayera nuevamente.

La pelea había terminado (hacia rato). Definición por KO técnico, en el tercio de la contienda.
Ahora, Charlo espera por una hipotética y ansiada oportunidad de medirse con “GGG”.
En tanto, un golpe duro para el argentino, además de la desazón de no haber podido hacer más.