Italia regaló al mundo el color rojo, el de Ferrari y también el de Valentino. El emblemático diseñador ha conseguido llegar a lo más alto dándose a conocer con su letra inicial, “V”. Una “V” que significa lujo, elegancia, jetset, mujeres hermosas y grandiosas intervenciones.

Nacido el 11 de mayo de hace ahora 85 años, Valentino Clemente Ludovico Garavani supo desde niño que quería llegar bien arriba. “De muchacho soñaba con estrellas de cine, con todas las cosas bonitas del mundo”, dijo en una ocasión. “Adoro a las mujeres bonitas, los perros bonitos y los muebles bonitos”. Y “sé lo que quieren las mujeres: quieren estar guapas”.

De Isabella Rossellini a Kate Moss, Nicole Kidman o Sophia Loren, apenas hay estrellas que no sean fans de Valentino. Julia Roberts eligió un diseño suyo en blanco y negro para recoger su Oscar, mientras que Jacqueline Kennedy le confió su vestido de novia. Según Valentino, ella fue la mujer que mejor reflejó su estilo.

Tras estudiar varios años en París, el diseñador fundó su taller en 1959 en el centro de Roma. Una de sus primeras clientas fue Elizabeth Taylor, que por aquel entonces se encontraba de rodaje en la ciudad eterna. Desde entonces, este creador al que nunca se le mueve un pelo y que siempre parece un poco bronceado de más figura junto a Giorgio Armani y Versace entre los grandes nombres italianos de la moda.

“Rosso Valentino”, el color que lo define, evoca vestidos de fiesta, óperas o dramas. Lo que no muchos saben es que la inspiración le llegó en España. Y es que a Valentino le encanta recorrer el mundo en jet junto a sus perros. Cuando le preguntaron si recordaba la última vez que usó transporte público, respondió “no lo sé”. Sus mansiones en París, Roma y Nueva York ocupan a menudo las páginas de las revistas de lujo.

Cuando uno se dedica a la moda, lo suyo es tener un apodo grandioso. Así, si Karl Lagerfeld es el zar de la moda, Valentino es “el último emperador”, título que le viene dado de la película “Valentino: The Last Emperor”. Ésta no sólo rinde tributo a su carrera, sino que también aborda su asociación empresarial -y a temporadas sentimental- con Giancarlo Giammetti.

Para Valentino, la pasarela no significa más que un par de tablones. Lo importante de verdad es que sus creaciones cobren vida a través de quien las lleve. No hay nada peor que una moda que desfigure el cuerpo, reza su lema.

Tras alrededor de 45 años de carrera, también al modisto le llegó la hora de la despedida. Quería dejar los focos antes de que comenzara el declive, dijo allá en 2008. El inversor financiero Permira adquirió el negocio y llegaron nuevos diseñadores. Actualmente, la floreciente empresa pertenece a la familia real de Qatar.

Con todo, Valentino nunca ha llegado a desaparecer de los escenarios. En 2016 diseñó junto a su sucesora Maria Grazia Chiuri -actualmente en Dior- y Pierpaolo Piccioli el vestuario para “La Traviata” en la ópera de Roma, dirigida por Sofia Coppola. Según contó, sólo necesitó hora y media para diseñar los cuatro vestidos de la protagonista, Violetta.

Y, al contrario de lo habitual en el excéntrico panorama de la moda, a Valentino no le cuesta hablar bien de quienes tomaron su relevo: “Me parece fantástico que hayan logrado otorgar a mis ideas esta modernidad”, afirmó.