Es archi conocida la fábula del escorpión y la rana, pero la recordaré brevemente para los menos memoriosos. Un escorpión debía cruzar un río, pero sin ayuda  no podía, porque no sabe nadar. Una rana le ofreció llevarlo, en la seguridad de que no le haría daño alguno, a riesgo de terminar con la vida de los dos. Sin embargo el escorpión a mitad de camino, le inyectó su veneno y la excusa fue: no he podido contenerme, está en mi naturaleza.

La fábula ilustra a cierto grupo de personas cuya ambición, o celos o resentimientos son tan desmedidos que no tienen empacho en destruir las propias circunstancias que los mantienen a flote. 

Repetidamente me viene a la mente esta historia, cuando observo las actitudes de algunos políticos. Por eso he llegado a la conclusión de que en general, tenemos vocación de Escorpiones.

Aquí van algunos ejemplos: El Dr. Raúl Alfonsín, recordado y honrado a partir de su muerte como ejemplo de demócrata y republicano, no movió un dedo para que su gente y aliados partidarios sostuvieran al gobierno de la Alianza. Dicen los que dicen-pero no puedo afirmarlo porque no tengo pruebas- que lejos de sostenerlo… Pero en fin, sigamos con mi razonamiento. Esta falta de apoyo de un ala de la Alianza, sumado al cuidadoso programa de violencia ejecutado desde la oposición, terminaron en el desastre de 2001, el que se llevó puesto no sólo a un Presidente, sino que produjo la desintegración del partido Radical, tan afanosamente defendido por Raúl Alfonsín “en otros tiempos”. ¿No previó lo que podía suceder? Decididamente entiendo que sí. A un político de “raza” como todos lo definen no se le podía escapar qué consecuencias sobrevendrían con  esas actitudes. Y sin embargo así fue. Y la “rana”, por así decirlo, sintió el veneno y murió, llevándose al partido Radical que trataba de sostener sobre sus espaldas. Así se fue  López Murphy, Elisa Carrió, Margarita Stolbitzer, sin olvidar al impresentable Moreau que cayó en el pozo del Cristinismo.

Otro ejemplo: Chacho Alvarez, renunciando a la vicepresidencia y después queriendo ingresar en el gabinete, fue otro simil del escorpión que dinamita lo que dice haber construido aunque le cueste su propio entierro.

Otro ejemplo y por ser actual es el que más me preocupa: “Ricardito” Alfonsín, como le llaman tiernamente los que en el fondo saben que sólo es ( como dijo en una ocasión una diputada refiriéndose a otra persona) portador de apellido. Su espíritu ¿democrático? no acepta las decisiones mayoritarias de su exhausto Partido Radical  y pretende ahora repetir la historia y dinamitar a Cambiemos. Escucho con estupor sus cuestionamientos en el orden económico…Yo me pregunto: si en algo falló su extinto padre, fue en la economía, a punto tal que tuvo que dejar el gobierno meses antes de su mandato. ¿está seguro que puede aconsejar sobre economía? Cuidado con la Vocación de Escorpiones que tenemos los argentinos en general, porque si logramos cada uno inyectarle el veneno a quien mal o bien nos transporta, ¿quién quedará a flote?…