AMSTERDAM, NETHERLANDS-JUNE 26TH: Astor Piazzolla, bandoneón, performs at Carré on 26th june 1989 in Amsterdam, the Netherlands ( photo by Frans Schellekens/Redferns)

«Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos».  Astor Piazzolla,  Buenos Aires, 1954. 

Hace 34 años,  fallecía en Buenos Aires uno de sus artistas más revolucionarios. Moría a los 71 años, en la madrugada de una ciudad que ya desde joven le decía que el tango no era lo de él. Dejó la vida en el sanatorio donde llevaba dos años siendo atendido y en el corazón de cada uno de los que disfrutó de sus compaces, de su legado.

Afectado por una enfermedad cerebral irreversible, durante todo su tiempo de internación  nunca pudo recuperar el habla y apenas conseguía movimiento en uno de sus brazos y sus piernas a causa de una trombosis cerebral producida el 5 de agosto de 1990 durante una estadía en un hotel de París.  Poco más de una semana después, tras el diagnóstico de la enfermedad, su cuadro derivó en un estado de coma con lo que se dispuso su traslado a Argentina.

Piazzola brilló  en las orquestas de Miguel Caló y Aníbal Troilo. Perfeccionó su técnica con el músico clásico Alberto Ginastera. Dirigió  la orquesta que acompañó al cantante Francisco Fiorentino y  prosiguió con su labor como arreglador para las orquestas de José Basso, Miguel Caló y Francini-Pontier.  Escribió piezas de música culta, como Rapsodia porteña (1952) y Sinfonía de Buenos Aires (1953), en cuya instrumentación incluyó bandoneones.

En Argentina, se sucedieron muchas polémicas acerca de si lo suyo era o no tango, género que renovó a través de su instrumento  y sus composiciones. En cualquier caso, con su notable postura y dedicación, marcó de forma insoslayable a las generaciones más jóvenes de artistas inclinados hacia la música popular de Buenos Aires.

Astor Piazzolla falleció en Buenos Aires el 4 de julio de 1992. Hoy, su paso por la vida nos impide pensar que lo suyo no haya sido el tango. Un enorme recuerdo para quien supo dejarnos grandes huellas inborrables.