En la asamblea general de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se celebra en Charleston, Carolina del Sur, el nobel peruano Mario Vargas Llosa, fiel a su estilo, no se guardó nada.

En primer término, atacó a los gobiernos latinoamericanos que tiene «falta de coraje» y apelan a la  «neutralidad» a la hora de denunciar «dictaduras crecientes» como la de Venezuela, que consideró una «putrefacción total» por culpa del socialismo del siglo XXI. “Maduro solo puede ganar estas elecciones mediante un fraude monstruoso» y «Los jefes del Gobierno venezolano son los jefes de las mafias. Los militares están todos comprados a través del negocio de la mafia» fueron algunas de sus frases.

Tampoco se salvó el ecuatoriano Rafael Correa, a quien tildó de «gran demagogo» que impulsa «leyes represivas» que atacan la libertad de expresión y los medios de comunicación.

Al hablar de corrupción, se refirió también al caso de Brasil, «un país que parecía haber despegado y ha frenado y retrocede» con los «inversores sin querer invertir un centavo».

Luego, sus críticas cruzaron el charco hacia el viejo continente y los movimientos secesionistas, especialmente el de Cataluña, un nacionalismo que tachó de «ficción maligna» creada a partir de «mentiras».

Volviendo a este lado del Atlántico, se tomó un instante para referirse a Donald Trump, al que calificó como «profundamente antidemocrático», un «demagogo de tipo racista», pero que «no tiene la menor posibilidad de convertirse en el candidato de su partido».

Más tranquilo estuvo con la visita del papa Francisco a Cuba, y las críticas por su negativa a reunirse con opositores. Lo consideró «operación política de más largo alcance«, aunque dudó de si «quedarán solo en retórica los gestos y declaraciones» de Francisco, porque, hasta ahora, afirmó, «detrás de estos no hay nada».

Un Vargas Llosa auténtico.