El 1º de mayo de 1994 es recordado en la F1 como uno de los días más tristes de la historia del deporte. Es que en el Gran Premio de San Marino, Ayrton Senna da Silva perdió su vida dejando un legado impresionante de habilidad, humildad y sed de campeón.

Tras 21 años, el recuerdo del piloto brasileño sigue tan vivo como aquellos años donde solía disputar los lugares de privilegio ante corredores de la talla de Niki Lauda, , Niguel Mansell, Nelson Piquet Juniors y, por su puesto Alain Prost, el francés con que tantas veces luchó de manera salvaje en pista.

Nació en un Brasil azotado por la dictadura militar. Sin embargo, su familia le dio el lujo de criarse en el mundo motor, compitiendo en carreras de karting. No tardó en pegar el salto desde las categorías de automovilismo europeo a la F1. Allí, el mundo se maravillaría con el estilo agresivo de manejo y su habilidad para conducir bajo la lluvia.

Debutó en Toleman, en la temporada del 84, donde demostró rápidamente que merecía el apodo de Rain Master, Maestro de la Lluvia. En el Gran Premio de Mónaco, largó desde la 13º posición y llegó 2º, a sólo siete segundos de Alain Prost. Lo hubiera alcanzado si es que los comisarios no suspendían la carrera.

Con actuaciones destacadas en una escudería menor, pegó el salto a Lotus, donde “Magic” logró sus primeras victorias. Fue en la temporada del 85, en los Grandes Premios de Portugal y Bélgica.

Manejando de esa manera no tardó en llegar a una de las escuderías más importantes de la historia, que justo estaba por entrar a su mejor momento. Ron Denis lo llamó y Senna aceptó entrar a McLaren en 1988. Allí, su rivalidad con su compañero Prost sería eterna.

Ganó el campeonato del mundo en su primera temporada en McLaren, con la lluvia de Suzuka como principal protagonista de una carrera épica para la historia del automovilismo. En el 89 se le escapó el título (de manera polémica) a manos de su archirrival, pero en el 90 tomó revancha y lo venció (también de manera polémica), para llegar al bicampeonato.

En el 91, con Prost en Ferrari, Niggel Mansell fue su rival. Sin embargo, Senna tomó ventaja rápidamente en el campeonato y, pese a la recuperación del de Williams, se coronó tricampeón.

La leyenda ya estaba escrita. Sin embargo, el brasileño quería más. En el 92 y 93 Williams dominó de pies a cabeza, por lo que Senna aceptó sin dudarlo la invitación al equipo para la temporada del 94. Pese a todo, el Williams de ese año no era como sus predecesores, sobre todo por la prohibición de la suspensión activa y el control de tracción, recursos que lo caracterizaban.

Además era bastante inestable, sobre todo al principio. Dominada por Bennetton y Schumacher, el campeonato del 1994 resultaría fatídico para Ayrton. En la curva de Tamburello, del Gran Premio de San Marino, Senna perdería el control del coche y una de las barras de la suspención impactaría sobre su cabeza, produciéndole la muerte en el acto.

A 21 años de su desaparición física, el recuerdo y los valores de Ayrton Senna siguen más vigentes que nunca.