Todos somos conscientes de que ya no se puede caminar por la calle. De cualquiera que pasa sospechamos, de cualquiera tenemos algo que pensar. Sean de piel negra, blanca, pelirrojos, todos son motivo de pánico, todos tienen cara de querer “afanarnos”.

Antes había lugares en los que (Dios sabe porque) me sentía segura. Mi casa, por ejemplo. Un remis, un colectivo, la casa de un familiar u amigo, un shopping. Pero la realidad es que no estás completamente seguro en ningún lado. Mi paranoia, hoy en día, es la del colectivo. Cada persona que se sube me da algo que pensar. No pasa un viaje en el que no fiche a una persona que crea que ALGO me va a hacer. Seamos realistas, hoy cualquiera puede subirse con un arma y hacer un desastre, sin ser demasiado extremistas.

Repito, en ningún lado estamos completamente seguros, ni siquiera con esas personas con las que así creemos sentirnos. ¿Qué harían si una situación así-como un asalto-se avecinara? ¿Cambiaría algo que tengamos a un familiar cerca, a un novio que nos proteja? No. Ni siquiera cambiaría algo que un policía se encuentre por ahí, porque nadie nada nos asegura.

Por otro lado, yo creo que hay personas que le tienen miedo a sí mismas. Tienen miedo de ser vistas, de ser mostradas. Personalmente considero que todos tenemos algo que transmitir, algo que decir, sea de la manera que fuere. A través del arte, de la escritura, de la música, de la violencia, de un deporte; desde un grito hasta un llanto, una sonrisa. Sea cual sea –buena o mala- la manera de demostrarlo, todos deben tener algo que decir, algo que mostrar, porque a todos nos pasa algo por adentro.

Pero hay personas que no transmiten nada, y no estoy hablando de temas de timidez. Hay personas que no comprendo, y que me rodean muy cercanamente.

No hablan, no gesticulan, no sonríen, no transmiten nada. Ni una mirada, ni un gesto, hasta caminan de una manera encorvada que no les permite mirar hacia adelante. Esa gente es diferente, y yo, en lo personal, no los entiendo, y me pregunto: ¿Dónde canalizan todo eso que sienten? ¿A dónde van a parar todas esas sensaciones y emociones? Porque, vamos de nuevo, a todos nos pasa algo.

Sofía Fortunato Rossi