La noche de violencia descontrolada en Francia activó el máximo nivel de alerta terrorista en Estados Unidos y los principales países de Europa, cuyos líderes expresaron su conmoción y solidaridad con las víctimas mientras todavía sonaban disparos, sirenas y gritos en las calles de París. 

«Es un ataque no sólo contra los franceses, sino contra toda la humanidad y contra los valores universales que compartimos de solidaridad, igualdad y fraternidad. Haremos lo que haga falta para llevar a estos terroristas ante la Justicia», dijo con rostro lúgubre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en una declaración en la Casa Blanca.

La canciller alemana, Angela Merkel, se declaró «profundamente conmocionada». Conoció desde el principio la gravedad del tema: su ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, estaba junto a Hollande en el Stade de France cuando empezaron las explosiones. «Estoy horrorizado», dijo el funcionario, que debió ser evacuado del estadio donde jugaban la selección local contra la de Alemania.

David Cameron, primer ministro de Gran Bretaña, se mostró en shock. «Nuestros pensamientos y oraciones están con el pueblo francés. Haremos lo que podamos para ayudar», escribió en su cuenta de Twitter cuando apenas se vislumbraba la magnitud de la tragedia. Poco después el gobierno de Rusia calificó los ataques de «inhumanos» y comunicó su disposición a colaborar con la investigación. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enfatizó que su país está «codo a codo» con Francia «en la guerra conjunta contra el terrorismo».

Los líderes de las potencias debían encontrarse mañana en Turquía, donde está convocada la cumbre anual del G-20. El terrorismo islámico figuraba al tope de la agenda, aunque resta ver si la cita se mantendrá en medio del desastre de París.