La Policía confirmó la muerte de cinco israelíes, y la de los dos presuntos atacantes, en un tiroteo en una sinagoga del barrio ortodoxo de Har Nof, en Jerusalén Oeste.

Este sería el segundo ataque terrorista más grave perpetrado en Jerusalén desde el fin de la Segunda Intifada.

Según fuentes oficiales, otras siete personas resultaron heridas -algunas de ellas graves- cuando dos hombres, al parecer palestinos de Jerusalén Este, entraron en la sinagoga armados con un cuchillo, un hacha y una pistola y atacaron en dos lugares distintos a los que rezaban antes de ser abatidos por agentes.

«Dos terroristas entraron en la sinagoga del barrio de Har Nof. Atacaron con un hacha, un cuchillo y una pistola. Cuatro personas que oraban murieron y una quinta persona murió horas después. La Policía que llegó al lugar de los hechos disparó y mató a los terroristas», explicó Luvba Samri, portavoz de la Policía para medios en hebreo.

La ciudad santa es testigo de una creciente tensión desde que a principios de julio tres extremistas judíos mataran a un menor palestino en Jerusalén. Esto en venganza por el asesinato tres semanas antes a manos de exconvictos islamistas de tres estudiantes que hacían ‘autostop’ cerca del bloque de colonias de Gush Etzion.

Desde entonces se han sucedido las protestas, los enfrentamientos entre la policía y jóvenes palestinos y los ataques de palestinos y colonos israelíes en los barrios árabes y el casco viejo de la ciudad.

La situación se agravó hace un mes, cuando un conductor kamikaze palestino mató a dos personas -entre ellas un bebé de tres meses y una ciudadana ecuatoriana- al intentar atropellar a los pasajeros que esperaban el tranvía en la línea que divide la ciudad.

Una semana después, un presunto pistolero palestino tiroteó y dejó gravemente herido en Jerusalén Oeste a un rabino
ultranacionalista judío que aboga por cambiar el estatus de la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar más sagrado del Islam.

Los rumores sobre ese posible cambio -negado por el Gobierno israelí-, junto a las restricciones de acceso impuestas por Israel a los musulmanes y la constante subida de ultranacionalistas judíos fuertemente escoltados al lugar donde el judaísmo sitúa el Segundo Templo destruido por los romanos, son algunos aspectos que alimentan la tensión en la ciudad.

Apenas siete días después del tiroteo contra el rabino, que se recupera de sus heridas en un hospital, un segundo conductor kamikaze palestino mató a dos personas -entre ellas un guardia de frontera- en un intento de atropello similar en la misma zona que separa Jerusalén Este de Jerusalén Oeste.

Al igual que este lunes, en los casos precedentes los movimientos islamistas radicales palestinos como Hamás y la Yihad Islámica alabaron el ataque y afirmaron que se trata de «una respuesta lógica a las políticas israelíes y la ocupación».

Las cuatro víctimas mortales del atentado tenían doble nacionalidad y, además de la israelí, tres eran ciudadanos estadounidenses y uno británico, informaron medios locales.