Los síntomas físicos son variados y se pueden combinarse de diferentes formas, los más frecuentes son: Palpitaciones, Sudoración, Temblor de manos, Piernas flojas, Nauseas, Molestias abdominales, Mareos, Dolor de cabeza, Opresión en el pecho, Sensación de ahogo o falta de aire, Sofocación.

Los síntomas cognitivos están relacionados con: Miedo a morirse o a que algo terrible está por suceder, Miedo al desmayo, Miedo al descontrol, Sensación de irrealidad o de extrañeza, acerca de lo que pasa o de mi mismo, Sensación de estar como en un túnel como si estuviera obnubilado

«Estas crisis son aterradoras, desorganizantes, aunque la sensación de malestar luego de las crisis, puede durar días», aseveró García Bardot.

No obstante, la especialista destacó que «la persona que sufre de pánico debe aprender que esta es una respuesta orgánica natural y normal, y que solo dura un determinado tiempo (entre 10 y 30 minutos) y desaparece, que su cuerpo viene equipado para este tipo de reacción por lo que nada va a pasarle». Al respecto, puntualizó que «se trata de aprender a tolerarlas, afrontando la ansiedad, sus síntomas y sensaciones desagradables» y añadió: «lograr esto es difícil, pero de vital importancia, ya que si el panicoso experimenta que los síntomas disminuyen solos sin que nada pase, podría darse cuenta de que esos síntomas no son una señal de peligro inminente, sino una respuesta de ansiedad intensa».

La especialista indicó que «al ser una respuesta fisiológica normal nuestro cuerpo está preparado para soportarla y una vez que llega a su nivel máximo de intensidad, solo comienza a bajar la intensidad progresivamente».

«El efecto como cuando uno llora, hay una descarga de llanto por el nivel de emoción que luego cuando ya descargo lo suficiente baja y desaparece», dijo. «Aprender a atravesar el pánico en lugar de evitarlo, o superarlo que es otra manera de evitar, es el cambio cualitativo para lograr trascender el ataque y no permitir que se instale», concluyó.