El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está terminando la reparación de la Floralis Genérica, la estructura metálica de 22 metros de altura y 18 toneladas de peso, que está ubicada a metros de la facultad de derecho y es uno de los íconos de la ciudad.

Si bien ya fue arreglado el pistón subterráneo que permite la apertura y cierre de la estructura, y la lleva a alcanzar un diámetro de 32 metros en sus pétalos, aún la flor se encuentra vallada.

En el proceso de reparación del sistema hidráulico, que comenzó en septiembre, se encontraron otros problemas en los pétalos de la flor. Eso obligó a los ingenieros a apuntalar preventivamente uno de los seis pétalos. Cada uno de ellos pesa 3.500 kilos y tiene 23 metros de altura.

“A medida que avanzamos en los arreglos encontramos problemas nuevos. Por ejemplo, nos dimos cuenta de que dos pétalos se tocaban recién cuando llevamos el pistón a un 85% de su funcionamiento. Nuestro objetivo es que la flor no se vuelva a romper», explicó el subsecretario de Mantenimiento del Espacio Público porteño, Rodrigo Silvosa.

Actualmente, un equipo técnico trabaja para reforzar los pétalos de la Flor de acero inoxidable, dado que dos de ellos se tocan. Al accionar nuevamente el mecanismo, surgieron inconvenientes por los daños que las inclemencias del tiempo le provocaron a la estructura cuando estuvo paralizada.

“El proceso hidráulico y el pistón están arreglados. También reparamos el pétalo número dos, que se había rajado tras una tormenta. Ahora falta equilibrarlos a todos; el cuarto está vencido y se toca con el tercero”, explicó el ingeniero Salvador Sorbello de la empresa Plan Obra, a cargo de los trabajos.

Durante los 20 minutos que demora el movimiento de cierre de la estructura, el viento ingresa y produce deformaciones en los pétalos. Por eso, además de repararlos, se están reforzando sus estructuras con placas de aluminio y soldaduras, para que puedan soportar fuertes tormentas.

La Floralis Genérica diseñada por el arquitecto argentino Eduardo Catalano había sido instalada en abril de 2002 por la empresa Lockheed Martin Aircraft. Sin embargo, la fabricante de aviones se fue del país, dejando sin efecto la garantía de 25 años con la que contaba la estructura. Desde 2009 la flor metálica dejó de funcionar y quedó expuesta a los daños que le ocasionaron vientos y tormentas.

En septiembre del año pasado se puso en marcha su proceso de reparación, con el aporte económico de 4 millones de pesos de la empresa Oca. Además, colaboraron Philips, que ofreció las nuevas luces LED, y BGH, que brindó los sensores.