En un Monumental atestado de agua, los de Arruabarrena se pusieron en ventaja gracias a Lisandro Magallán y se fueron al descanso arriba pese a la expulsión de Fernando Gago por un penal inexistente que Vigliano cobró y luego Rodrigo Mora tiro afuera. En el complemento, con más empuje que fútbol, los de Gallardo llegaron al empate en los pies de Germán Pezzella. Sobre el final fue expulsado Funes Mori y en igualdad de condiciones cualquiera lo pudo ganar. El “Millo” mantiene la punta y el invicto, mientras que el “Xeneize” no pudo achicar la brecha hacia la cima. 

River y Boca entregaron un Superclásico acorde a lo que se esperaba. No por el fútbol que se esperaba que desplegasen y que fue imposible que consiguieran por las condiciones climáticas adversas en la previa y durante el encuentro, sino porque entre ambos ofrecieron lo mejor de cada uno para llevarse los tres puntos. Pudo haber sido para cualquiera, aunque los de Gallardo fueron más claros en las llegadas, pero terminó siendo de ninguno, cuestión que le cae mejor a los de Marcelo Gallardo, que siguen manteniendo el invicto y la punta del certamen, con el agregado de conservar la diferencia de ocho unidades en la tabla  sobre los de Arruabarrena.

Aunque el árbitro Vigliano dio el visto bueno para que se juegue el Superclásico, las condiciones del campo de juego dejaron bastante que desear. Los primeros minutos fueron un homenaje al viejo y conocido “culopatin”: resbalones por doquier y el desarrollo plagado imprecisiones por un terreno que claramente no ayudó. Los arcos quedaron lejos y solo se contabilizó un remate de Andrés Chávez que Marcelo Barovero controló sin demasiadas complicaciones.

El trámite del partido era parejo porque ninguno llegaba a controlar el balón. Como consecuencia de ello las acciones de peligro llegaron por la vía área y Boca fue el que pegó primero: largo centro de Carrizo desde la mitad de la cancha, Lisandro Magallán le ganó la pulseada a Ariel Roja y desvió suficiente el balón para empujarlo hacia la red tras una floja respuesta del uno Millonario.

River tuvo un par de minutos desorientado por el golpe pero respondió con un cabezazo de Gabriel Mercado que se estrelló en el palo y varios acercamientos que transformaron a Agustín Orión en pieza clave para mantener la diferencia para los de Arruabarrena. Lo tuvo Ramiro Funes Mori en el área y volvió a agigantar la figura del uno de Boca, que a esa altura ya era figura.

Sobre los 40’, llegaría el quiebre del partido. Rojas remató desde la puerta del área grande, Fernando Gago se interpuso con la cabeza antes que la pelota le llegue a Orión y el árbitro Vigliano cobre un penal inexistente para luego mostrarle la roja al volante Xeneize. Rodrigo Mora le sacó la potestad a Teofilo Gutiérrez para empatar desde los doce pasos, pero el uruguayo agarró el balón demasiado abajo y elevó el remate por encima del travesaño.

En el complemento Boca se dedicó a cuidar la ventaja conseguida cuando estaban en igualdad de jugadores en cancha y consiguió neutralizar los avances de River con los esfuerzos colectivos encabezados por el incansable Agustín Calleri y Cesar Meli, (claramente el patrón de la mitad del terreno Xeneize de este campeonato). El local fue por inercia y consiguió estar a tiro del empate en un par de ocasiones: Boyé (que ingreso para la segunda etapa) se lo perdió de cabeza y Mora pudo redimirse pero Orión le volvió a ganar el duelo.

Gallardo entendió que la única manera de empatarlo era por la vía área y apostó por el ingreso de Germán Pezzella (fue a jugar como centrodelantero pese a ser central), que dio sus frutos a los 33’, cuando cabeceó un centro de Carlos Sánchez y tomó el rebote tras una floja respuesta de Orión para poner el empate.

Los últimos diez minutos contaron con el agregado de la expulsión de Ramiro Funes Mori por una tijera tremenda hacia Meli y las chances desperdiciadas por un lado de Chávez y el otro de Boyé, que hubieran cambiado el destino del Superclásico.

La igualdad lo dejó mejor parado a River, ya que sigue manteniendo el invicto y la cima del campeonato, además de conservar la ventaja de ocho unidades sobre su eterno rival, en un terreno que no le fue propicio para marcar la diferencia futbolística con la que llegaban en la previa. Para Boca, la doble sensación de alegría y tristeza por estar haber estado tan cerca de cambiar el destino del campeonato, pero con la tranquilidad de saber que no está tan lejos del nivel del puntero del campeonato.