De acuerdo con los datos de la última Encuesta Anual de Hogares (EAH) de la Ciudad de Buenos Aires, las viviendas con jefatura femenina representan el 45%, casi igualadas con los hogares clásicos y tradicionales que tenían al hombre como principal proveedor económico.

La mayoría de estas mujeres son “jefas” porque no comparten el hogar con una pareja o viven solas con sus hijos, aunque otras lo son porque aportan más dinero. Esta tendencia se explica por el estilo de vida de la época: el aumento de los hogares unipersonales, la igualdad del nivel de empleo con el varón, la decisión de tener hijos solasy el aumento de los divorcios.

Esta nueva realidad tiene su lado positivo y su lado negativo. Lo bueno es que la mujer, gracias a su creciente nivel de estudio y trabajo, puede mantenerse sola sin depender de un varón o puede superarlo en sus ingresos. Lo malo es que la maternidad en soledad muchas veces condiciona el tipo de trabajo que se debe buscar u obliga a las mujeres a hacer mucho esfuerzo para sobrevivir.

La alta proporción de jefas en la ciudad respecto al resto del país se debe a que es la jurisdicción que tiene más hogares unipersonales de mujeres, por la mayor esperanza de vida y la mayor prolongación de la escolaridad. También, porque es la jurisdicción con más nivel de participación laboral femenina y, por ende, son las porteñas quienes tienen grandes probabilidades de gozar de autonomía económica.

Por otra parte, en CABA el porcentaje de madres solteras llegó al 17%. La monoparentalidad se extendió entre mujeres de sectores medios y altos, por lo que no hay que asistirlas como familias en situación de pobreza o de riesgo. Sin embargo, esa organización familiar visibiliza dos problemas sociales: las tensiones que enfrentan las mujeres para compatibilizar las responsabilidades laborales y familiares, y la persistencia de las desigualdades de género en el ámbito productivo.

Karen Milessi