Las conversaciones que sostenían a través de la aplicación para chatear WhatsApp desde el celular terminaron de hundir a los sobrinos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Franqui Flores de Freitas fueron hallados culpables de conspirar para transportar cocaína a Estados Unidos y condenados a 18 años y 50,000 dólares de multa.

Pero en esas conversaciones quedó claro que las actividades delictivas iban más allá: planificación de asesinatos, lanzamiento de granadas y uso de la influencia de su apellido para burlar la justicia. Además, se pudieron conocer nuevos nombres y enlaces con fichas delictivas y funcionarios del gobierno con el mismo apellido Flores.

La Fiscalía insistió en una pena superior a los 30 años de cárcel, pero el juez decidió bajarlo a 18. Por su parte, los abogados de la defensa sostuvieron durante todo el proceso que los primos –sobrinos directos de la esposa de Maduro, Cilia Flores– eran dos hombres “humildes” que entraron al narcotráfico como novatos y terminaron cayendo en una trampa de la DEA.

Estas conversaciones de WhatsApp permitieron conocer cómo comentaban sobre descuartizamientos (‘picados’), su relación con bandas delictivas de Venezuela como ‘El tren de Aragua’, la orden de ejecutar personas y el momento preciso para hacerlo.