Cayetano Santos Godino -o «el Petiso Orejudo»- es uno de los casos de criminología más extraños del mundo entero. Con apenas 14 años ya había cometido varios asesinatos terribles y era buscado con odio por una sociedad en plena crisis económica en comienzos de 1900.

Cayetano Santos Godino siempre será motivo de debate. ¿Un asesino potenciado? ¿Un niño con retraso mental dentro de una familia enferma? ¿Un caso mediático como chivo expiatorio en un país en crisis? ¿Un genio de la perversión? En fin.  La obra de Julio Ordano dirigida por Adrian Cardoso revive este personaje que se sostiene como estatua en la entrada al penal de Tierra del Fuego, donde fue preso junto a los criminales de máxima categoría del país.

Lejos de jugar con el personaje, «El Petiso Orejudo» -en cartelera en el teatro La Lunares, en Humahuaca 4027-, se adentra en lo profundo del corazón del humano desnudando tanto su dolor como su brutal perversión. Un sujeto nacido entre el dolor y que sólo provocó dolor. Raquítico, con una madre italiana enferma y un padre alcohólico y agresivo, con varios hermanos débiles y pobres nacidos en Italia y Argentina.

En la obra se ven los diálogos que Santos Godino mantuvo con en las pericias de la investigación de su caso. Desde su detención, pasando por la excarcelación hasta los días de su muerte. Los diálogos son reproducidos con fidelidad, y el tinte emocional corre por las cartas que Godino le escribió a su familia y que nunca respondieron.

El actor Pablo Juan es quien se mete en la piel del asesino expresando lo que vemos en la mirada del niño: dolor y ternura, y una potente agresividad salvaje. Aquí su personaje no se muestra como un simple sádico sediento de sangre (como en el film español-argentino «El Niño de Barro»), sino que se aborda al personaje con respeto y sutileza.

Enrique Cabaud es quien personifica al sistema penal, entrando y saliendo en la piel de distintos personajes que someten a Santos Godino a interrogatorios y a discusiones en la celda de la cárcel. Basia Fiedorowicz es, en cambio, el dolor de la sociedad: interpreta a las madres que perdieron a sus pequeños hijos en las zonas donde transitaba el Petiso.  Fiedorowicz y Cabaud acompañan a Juan quien camina descalzo por el escenario de punta a punta y que, cada vez que mira de frente al público, trasmite una electricidad escalofriante.

Con un gran comienzo intenso la obra nunca se detiene y hace que las palpitaciones se incrementen. Luego empieza el debate moral. No olvidemos que son diálogos de pericias. Y sin duda Pablo Juan personifica con genialidad al Petiso Orejudo. El espectador puede irse con el debate intelectual y moral que plantea la obra, o bien también puede llevarse el don artístico de Juan, que no duda en meterse dentro de un personaje y dentro de un cuerpo donde absolutamente nadie quisiera estar jamás.

«El Petiso Orejudo», Jueves 21 hs. Teatro La Lunares, Humahuaca 4027, CABA