Hay algo en la vida de una persona a lo que algunos lo llaman «Destino», y otros prefieren catalogarlo como “Suerte/Azar».

Ciertamente, no hay hechos comprobables de que exista algo llamado Destino ni Suerte; cada persona decide en qué creer. Entre esas dos palabras hay una gran diferencia pero, lo que sí es seguro es lo que tienen en común, y es que forman parte de la vida de uno, lo queramos… o no.

Destino: Según algunas personas, es lo que Dios tiene preparado para nosotros. Se dice que el destino está marcado y que no podemos ir en contra suyo, que no hay que forzarlo porque las cosas pueden salir mal.

Suerte: Otras personas, dicen que es lo que acompaña a una persona en el trayecto de su vida; dicen que todo depende de la suerte, o también puede ser llamado «oportunidad» que te da la vida para poder cumplir lo que te propones… Dicen que hay personas que nacen con suerte, y otras a las cuales la suerte abandonó. La pregunta es: ¿Qué tan cierto es eso?

Cada uno puede creer en alguna de estas dos alternativas, aunque también hay personas que prefieren no creer en ninguna, pero… Vamos a ponernos en el lugar de aquella que decide creer en el Destino y en la que decide creer en la Suerte.

El destino es algo marcado para algunas personas; Como mencionamos anteriormente, dicen que no se puede ir en sentido contrario, pero ¿Qué tal si lo vemos de esta forma?:

Cada persona construye su propio Destino al tomar sus propias decisiones. Uno mismo decide si ir hacia la derecha o hacia la izquierda, o si decir “SI”, o decir “NO”. A medida que vamos tomando decisiones, lo que estamos haciendo es construir nuestro propio destino, estamos llendo por un camino que construimos nosotros mismos, en el día a día, tal vez sin darnos cuenta de que nosotros somos los que llevamos nuestra vida hacia algún lugar. También están las personas que prefieren pensar que el Destino se presenta cuando por ejemplo, algo sale mal y dicen: «Bueno, es mi destino estar así».

Cuando en realidad, eso, no es cierto. Nosotros tenemos la suficiente capacidad de cambiar las cosas. Si algo sale mal, puede ser por diversas opciones. Es decir, si las cosas salen mal, es porque así debe ser, pero también cuando salen mal podemos cambiarlas; hay que fijarse qué pasó, qué hicimos mal y cómo podemos hacer para que todo cambie. No debemos quedarnos con «todo me sale mal», sino darle vuelta a las cosas, buscar la forma en que la situación cambie para mejor.

He llegado a la conclusión de que en cierta forma, tanto el Destino como la Suerte, nos complementan y nos acompañarán a lo largo de nuestra vida.

Ayelen Roberts

@Ayelenrobertsok