Dilma Rousseff se juega este miércoles su presidencia en el Senado, que según todos los pronósticos se encamina a expulsarla del cargo por delitos contra la ley fiscal, en un juicio político calificado de «golpe» por sus seguidores y que puede confirmar como jefe del Estado a su vicepresidente, Michel Temer, un ex aliado que se unió a la antigua oposición.

La sesión del Senado del martes escuchó los testimonios de la acusación y de la defensa, que elevaron el tono para pedirles a los senadores votar para cada una de sus posiciones, mientras que en las calles los movimientos sociales bloquearon accesos en San Pablo con quema de neumáticos con la consigna «Fuera Temer».

El abogado de Rousseff, José Eduardo Cardozo, hizo un pedido a los senadores, previendo una votación que se pronostica irreversible, que «tengan en cuenta en el peso de la historia y la conciencia de quien condena a alguien inocente».

Si Rousseff es destituida, será el fin de 13 años del gobierno de los Partido de los Trabajadores (PT), que había llegado al poder en 2003 con Luiz Inácio Lula da Silva, que impulsó reformas sociales innovadoras y motorizó el ascenso social, pero la fuerza de izquierdas se transformó en ejes de escándalos de corrupción, como el Petrolao.

El vicepresidente en ejercicio desde el 12 de mayo, Michel Temer, del Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), negoció hasta ultimo momento con senadores para que no haya sorpresas, ya que el interino espera que haya 60 votos, 6 más de los 54 necesarios.

Por otro lado, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva hacía los últimos intentos, durante un almuerzo de trabajo con Rousseff, con llamadas a senadores, para convencerlos de cambiar el voto, teniendo en cuenta que a inicios de agosto el Senado acogió la denuncia con 59 votos contra 21, un resultado del cual se espera algo parecido este miércoles.

Si Temer es confirmado, será la tercer vez que el PMDB ostente la jefatura del Estado, aunque nunca lo hizo por el voto directo: la fuerza, que domina el Congreso desde 1985, eligió a José Sarney por la vía parlamentaria tras la dictadura militar y gobernó con Itamar Franco entre 1992 y 1995, siendo este vicepresidente del renunciante Fernando Collor de Mello.

Rousseff, de 68 años, defendió el lunes su biografía, su pasado de presa política por luchar contra la dictadura y clamó su inocencia por los delitos de responsabilidad que se le atribuyen: tres decretos para redistribuir el presupuesto y las llamadas «pedaleadas fiscales» para usar dinero de los bancos públicos y subsidiar el plan agrícola 2015.

Mientras el Partido de los Trabajadores y sus aliados denuncian un «golpe parlamentario», la base de Temer, encabezada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Aecio Neves, derrotado por Rousseff en 2014, ya cantaba victoria por anticipado en los corredores del Senado y remarcaba que el juicio político es un proceso constitucional.