En esta moderna sociedad liquida como lo plantea el teórico polaco zygmunt Bauman, en su teoría del amor líquido, los sentimientos de las personas y las conexiones que se establecen están generando cada vez más sentimientos de inseguridad y fragilidad inspirando deseos conflictivos frente al impulso de estrechar lazos.

Las relaciones humanas contemporáneas, en este mundo rampante de individualización se caracterizan principalmente por la idea de ligereza y frugalidad, donde se busca más el placer en sí mismo, obviando cualquier elemento que pudiera ser contrario a éste, entre ellos el amor romántico, ese proceso químico provocado por endorfinas que nos hacen sentir mariposas en el estómago y nos hace faltar la respiración, el amor de los poetas que está desapareciendo ante las nuevas formas de vida y globalización.

Encontramos que en esta sociedad de individuos se vislumbran paradojas existenciales contradictorias, por un lado se encuentra el deseo de estar acompañado y por el otro la necesidad de no sentirse atado a nada ni nadie, es tal vez por esto que se cambia de “amor” como cambiar de camisa, es la emoción provocada por querer vivir algo nuevo, lanzarse al vacío, y sacar a relucir ese homo economicus que prepondera en nuestros días, las relaciones se visualizan desde un enfoque costo/beneficio y como en el mercado, cuando ya no utilizamos algo lo desechamos.

Es esa necesidad de cambio la que trae una insaciabilidad de doble filo, por la que siempre estaremos inmersos en la búsqueda de novedad, pero a su vez, estaremos ahogados en una sensación profunda de vacío, característica del homo sexualis, el hombre en búsqueda del placer en sí mismo, al compartir las agonías del homo consumens.

Es así que, como dice Bauman, se carga con esas relaciones tan livianamente, para que en cualquier momento puedan zafarse sin dolor, pero gracias a esto, muchos viven en la sombra de la insaciabilidad y el vacío, y quien vaya en contra de ellos será condenado intrínsecamente por el colectivo insatisfecho.

La pregunta que nos queda, es si el hombre está condenado a vivir en la incertidumbre y en la soledad, en tomar y desechar a la carta la vida y los sentimientos de una persona? o escapar de las frívolas trivialidades, arriesgarse a vivir en la locura, seducir al amor, y vivir en contra de esos nuevos paradigmas sociales donde prepondera la lógica de mercado del tomar y descartar como productos desechables a las personas.