Desde hace décadas, diversos estudios demuestran que los placebos tienen un poder mucho más poderoso del que se pensaba en el tratamiento de ciertas enfermedades, especialmente a la hora de disminuir el dolor.

En el 2002 una prestigiosa revista de medicina inglesa publicó un estudio en el que 180 pacientes con osteoartritis en la rodilla, fueron asignados al azar en tres grupos, en los cuales algunos recibían el tratamiento estándar, en el segundo se realizaba un lavado, y por último -en el tercero – se simulaba una cirugía. Se les abrío la rodilla como si se los fuera a operar y se cerró sin hacer absolutamente nada, pero a vista del paciente, tenían una cicatriz que demostraba que habían pasado por un procedimiento quirúrgico.

Los resultados fueron sorprendentes. Aquellos sometidos a los procedimientos normales no habían tenido mejores resultados que aquellos que tuvieron una cirugía simulada. Todos mejoraron en niveles similares, hasta los que realmente no habían tenido ningún cambio fisiológico real, indicaron que sí sentían mejoría. Los resultados entonces, estuvieron en la mente de esas personas.

Otro estudio más actual, del doctor David Newman, quién publicó en un libro una serie de estudios con placebos, indica que en ciertos grupos, tomar dos pastillas de placebo (por ejemplo, pastillas de azucar) generaba más efectos positivos que aquellos pacientes que tomaban solamente una.

No se puede negar que estos estudios no deben tomarse a la ligera y que aun estamos lejos de prescindir de los medicamentos “reales”, pero el poder de la mente y el humor de los pacientes debe ser tomado como un indicador vital a la hora de iniciar un tratamiento.