A la hora de crear una nueva agrupación política desde cero los costos son enormes. La primera meta es que la gente comience a ubicar las caras visibles de tu partido, y en segunda instancia, hacer llegar a tus propuestas de la forma más clara y simple posible.

En nuestro país hay dos grandes líneas históricas con presencia nacional: el radicalismo y el peronismo. Ambos cuentan con locales partidarios a lo largo y ancho del país, y si bien hay distintas agrupaciones y distinciones internas, todas cuentan con la gran ventaja de contar con un logo y un lugar físico del cual partir, lo cual solventa las dos cuestiones que planteamos al principio.

La crísis del radicalismo lo hizo el blanco fácil de aquellos que deseaban iniciar una nueva alianza o fuerza, ya que es de pleno conocimiento que cuentan con sus famosos Comités abiertos, y que a su vez las siglas “UCR” tienen un peso a la hora de llegar al pueblo.

Veamos como ejemplo al Pro de Mauricio Macri. Fue fundado en el 2005 y su líder aspira a la presidencia desde el primer momento. A su vez mantienen como postura el deseo de ser una fuerza nacional, por lo que invirtieron mucho dinero en abrir sus propios locales.
Pero aun así, en más de una oportunidad, llegaron a acuerdos con sectores afines al radicalismo en el interior, para poder hacer campaña en conjunto, porque al margen del dinero que se pueda gastar, en el interior es más simple ir con candidatos que la gente ya conoce.

Al día de hoy en pleno 2014 el Pro sigue distando de ser una fuerza con capacidad de ganar intendencias o el Poder Ejecutivo de las provincias con facilidad, muy a pesar de todo el tiempo y dinero invertido.
Los avances han sido notables pero no suficientes, recordemos que el bi-partidismo argentino ya cuenta con casi dos siglos sin interrupciones.

A la hora de rastrear los números en pesos invertidos por detrás de toda la mega-campaña del Pro, que no se ha tomado suspensos desde el 2005, se pueden encontrar los detalles, y si bien puede llegar a generar indignación, en términos legales, el Jefe de Gobierno Porteño es empresario y dispone de una cartera interesante de la cual puede auto financiarse. Mismo gran parte de su presupuesto es destinado a pauta oficial.

Otro caso fallido y bien conocido fue De Narvaez, quién llegó a declarar «Esta campaña cuesta mucha, pero mucha plata, y es toda, pero toda mía”.

Volviendo a la parte legal, todos conocen los distintos mecanismos por los cuales pueden exceder los gastos estipulados por la ley. Por ejemplo, fuera de época oficial de campaña, muchos candidatos alegan que están “haciendo difusión de imagen”, es decir, poner un afiche con tu nombre, cara y orientación política, no sería “oficialmente una publicidad electoral”, sino una publicidad sobre tu propia imagen. El límite es tramposo y discutible.

De todas formas, invertir dinero en campaña no es suficiente a la hora de posicionar un candidato y menos, para formar posición a nivel nacional.

Finalmente quiero llegar a lo que considero el caso más llamativo y polémico actualmente: El Frente Renovador.

Fue fundado para las elecciones del 2013, en las que Sergio Massa rompió su relación con el kirchnerismo para pasar a ser enemigo absoluto y perfilarse como “él” candidato opositor.

Muchos de nosotros suponíamos que sus aspiraciones iban a estar ligadas a alianzas con el Pro, pero luego visualizamos que su idea era hacerse conocido para futuras aspiraciones al Poder Ejecutivo, y que dentro de su espacio hay pocas caras conocidas, y todas con una imagen por demás de cuestionable.

Lo primero que me llamó la atención, fueron la cantidad de locales de campaña que alquiló. Como comenté al principio, las distintas líneas radicales y peronistas cuentan con la ventaja de tener locales históricos, muchas veces donados por los vecinos, recuperados por los militantes, o pagados entre todos a fuerza de peñas y rifas.

Pero una fuerza que comienza desde cero, debe invertir el dinero en efectivo. El caso “De Narvaez” lo comenté para visualizar el ejemplo claro de un empresario que desea, a costa de invertir de su propio bolsillo, hacerse conocido en la política. Mismo caso con Mauricio Macri, que para su propia fortuna, supo hacer conocida no sólo su imagen, sino a su partido.

Al margen del dinero destinado a los locales y en conseguir militantes, según el mito, muchas veces contratados, también habría que contar el dinero invertido en panfletos, avisos estáticos en la calle, afiches, presencia on-line, y un largo etcétera.

Sergio Massa, en qué parte de este plano se ubica?

No es parte ni cuenta apoyo de ninguno de los partidos históricos de la Argentina, no cuenta apoyo explícito de ningún empresario o figura reconocida, y tampoco tiene ningún cargo Ejecutivo que le permita destinar presupuesto a su campaña (cosa que sí supo hacer como Intendente de Tigre).

Entonces, de dónde sale el dinero del Frente Renovador?

Si buscamos en los principales medios de comunicación o a través de los buscadores como Google, nos vamos a topar con un encubrimiento absoluto. No hay información alguna sobre quién está costeando al partido ni qué monto están manejando.

Se critica y muestran con detalle todos los gastos en publicidad que realiza el oficialismo y eventualmente también el Jefe de Gobierno Porteño queda en la mira por la misma polémica, pero se calla de forma absoluta algo vital, cómo un candidato que presume por “castigar a los chorros”, a la lucha contra el narcotráfico, contra el lavado de dinero, no está dando ningún tipo de información sobre las finanzas de su campaña.

La respuesta no se las puedo hacer llegar en la presente nota, porque no figura ni en el sitio oficial del Frente Renovador, ni hay notas al respecto de ningún medio.

Dejamos la pregunta abierta para que reflexionemos de cara a las próximas elecciones.