A pesar de la alta prevalencia con estimaciones que indican que entre el 8 y el 12 por ciento de la población del mundo sufrirá al menos un episodio a lo largo de su vida, la depresión continúa siendo una enfermedad muy estigmatizante para quienes la padecen además de ser incapacitante y en muchos casos recurrente, aseguraron especialistas.

“El psiquiatra es el único médico que jamás es invitado a una fiesta familiar. Uno ve que sus colegas clínicos, ginecólogos, pediatras hasta el psicólogo siempre reciben invitaciones a eventos pero nosotros somos los profesionales negados”, bromeó Marcelo Cetkovich Bakmas, jefe del departamento de psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), en una conferencia sobre depresión.

Con la ironía, Cetkovich dio pie a un tema que persiste: “Tener cualquier enfermedad en donde se pone en juego la salud mental sigue siendo estigmatizante”.

La depresión es una de la afecciones más frecuentes en salud mental: se estima que 350 millones de personas en el mundo tuvieron, tienen o tendrán esta enfermedad y conforme a esta estadística se calcula que en Argentina afecta a 4 millones de personas.

“La idea de que se trata de una enfermedad de señoras bien es absolutamente falso, afecta a todas las clases sociales, a todas las edades y a ambos sexos, a pesar de que haya una mayor prevalencia entre las mujeres”, sostuvo Cetkovich, también a cargo del área de psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

Y continuó: “El tema es que probablemente una persona de bajos recursos no pueda quedarse en la cama tirado porque pierde su trabajo, pero esto no implica que no esté deprimido y, además, son las personas que menos alternativas tendrán para superar la crisis”.

En el mismo sentido, Roberto Ré, médico y presidente de la Red Sanar, sostuvo que “la depresión es una enfermedad del cerebro y en el cerebro, y estas enfermedades tienen una historia de estigmatización ya que quienes la padecen han llegado hasta a ser aislados”.

“Durante estos años hemos aprendido mucho sobre las enfermedades mentales, pero queda mucho por educar, y la gente sigue estigmatizando a la persona que tiene depresión, buscando ver por qué le pasó, intentando encontrar cosas ocultas, y esto es producto de la ignorancia”, indicó Ré, co-autor del reciente libro “Vida sin depresión y trastornos bipolares”.

La depresión es un desorden multidimensional que afecta a la persona en todos sus aspectos: el emocional, el físico y el cognitivo e interfiere en su posibilidad de funcionamiento.

“Aquí no queremos quedarnos con la mirada de que ‘hay que atender el problema porque una persona deprimida no puede trabajar y entonces afecta al sistema de producción’. Hay que entender que se trata de un sujeto que no puede cumplir con sus tareas de padre o madre, de amigo, de esposo o esposa, es decir, a todas sus dimensiones”, señaló Cetkovich.

En tanto Ré describió que “el disparador es el distrés, es decir, una tensión excesiva, irracional y desadaptativa que provoca la desregulación de los neurotransmisores; en conclusión es una enfermedad biológica altamente discapacitante”.

En cuanto a los síntomas emocionales pueden mencionarse tristeza, incapacidad de disfrute, pesimismo, baja autoestima y puede o no aparecer ansiedad, mientras que en lo referente a lo físico la depresión se traduce en fatiga o pérdida de energía, pérdida del interés sexual, aumento o pérdida de peso y alteración del sueño.

“Hay un tercer componente que son los síntomas cognitivos que recién hace unos pocos años comenzó a tenerse en cuenta, que es tan importante como los factores emocionales y que implica una lentitud en el pensamiento, el lenguaje y los aspectos motores, una disminución de la concentración, una incapacidad de tomar decisiones y una disminución de la capacidad de aprendizaje”, describió el especialista de INECO.

«Es tan subestimado el tema de los síntomas cognitivos que se ha comprobado que el 72 por ciento de las personas que han tenido una depresión pueden sufrir una recaída como consecuencia de haber sido desatendido este aspecto», añadió.

Según una encuesta llamada IDEA (del inglés Impact of Depression in the Workplace in Europe Audit -Auditoría del Impacto de la Depresión en el Trabajo en Europa) realizada por la Asociación Europea de Depresión a 7.000 personas, el 20% de los encuestados había recibido en algún momento un diagnóstico de depresión, y 1 de cada 10 personas faltó al trabajo a causa de esta enfermedad, con un promedio de 36 días perdidos por episodio.

Más del 60% de los trabajadores encuestados declararon que no informarían a su empleador en caso de ser diagnosticados por depresión, en tanto la mitad de quienes han padecido la enfermedad decidieron no informar por considerarla “algo privado que no contarían a nadie” y el 30% por “miedo a poner en riesgo su trabajo”.

“Es muy frecuente en el consultorio la pregunta: ‘¿qué digo en el trabajo?’. Y lamentablemente uno responde: ‘nada’, porque sabe que no es lo mismo tener una licencia por depresión que por un esguince. En esto nos falta mucha información”, sostuvo Cetkovich.

Pero, más allá de la posible pérdida de un empleo, Ré informó que “se ha demostrado que una persona con depresión tiene más riesgo de tener Accidente cerebrovascular (ACV), infartos, hipertensión e incluso se encuentran inmunosuprimidas, por lo que son hasta más propensos a contraer un resfrío”.

Para ambos profesionales el tratamiento de la enfermedad debe ser multidisciplinario. “Probablemente sea necesaria la medicación, pero también lo es una buena psicoterapia o psicoeducación, enseñar a las personas a respirar con técnicas de relajación, trabajar sobre sentimientos perturbadores como pueden ser la ira o el resentimiento, reestructurar el pensamiento cognitivo a través de ejercicios, es decir, hace falta un abordaje que pueda trabajar sobre todas las dimensiones”, concluyó Ré.