Solo envidiaba el poder del tiempo y esa capacidad de imponer en las personas formas de ser, de sentir. Que haga creer que un abrazo, una experiencia o un sentimiento, puedan ser considerados «contables» y desedeñados sin su repetición como experiencias vividas. ¿ No crees que cada gesto es único, que nace y muere en cada acto y de ahí adquiere su verdadera significación?
¿Puede acaso el término de un año explicar el instante de una mirada, de una caricia? ¿ Qué cantidad de tiempo es necesaria para medir un sentimiento de los más hondos y estremecedores?
Solo me preguntaba por esa esa imposición instalada que hace pensar que el tiempo pueda ir por delante de cualquier sentir, de cualquier mirar anulando toda posibilidad de ver el verdadero ser que hay detrás. El que se esfuerza, el que nada tiene que ver con los minutos en donde uno verdaderamente se entrega.