Martín Piroyansky presenta su segundo largometraje – esta vez también con su protagónico – que llegará mañana a los cines. La historia se centra en un grupo de amigos que durante un fin de semana en Tigre potencia al infinito los triángulos amorosos.

Entre los seis personajes  – Chino Darín, el mejor amigo de Piroyansky y bastante sumiso ante su novia, la controladora Violeta Urtizberea, la extraña Vera Spinetta, la maquinadora Inés Efron y la carilinda Justina Bustos – tienen relaciones (o quedan a punto) entre casi todos ellos, terminando con un momento de pelea gigante, pero que en la escena final no termina tan así.

El director que había debutado con “Abril en Nueva York” en 2012 (también realizó el corto “No me ama” en 2010) además se encargó del guión, en donde supo entrelazar dos ámbitos tan clásicos como una casa en medio de la nada con jóvenes en celo. De todas formas la resolución es bastante extraño dentro del contexto de la historia, ya que después de que todos se enojaran con el protagonista, finalmente aparentan terminar de la misma forma que empezaron, con una inesperada simetría.

Lo que resultó un tanto extraño fue el hecho que no hay muchos chistes más que los vistos en el tráiler, y que en los momentos más graciosos, las risas de la sala terminan tapando el siguiente diálogo.

Pero más allá del guión y los actores, lo mejor que tiene el film que había sido presentado en el pasado festival de Mar del Plata es la música. No por la cortina que acompaña el ritmo de la historia, sino por cómo cambia la sensación de la escena cuando ponen música diegética. El punto más alto de este rubro – a cargo de Nicolás Sorín (hijo de Carlos), quien trabajó en “Historias mínimas” y “El camino de San Diego” – tiene su punto máximo en el climax, donde los personajes sin sonido y en slow motion discuten y se pelean con una ópera sonando lo más fuerte posible.