La rabia contenida por semanas a causa de la desaparición y probable asesinato de 43 estudiantes de magisterio en Iguala (Guerrero, México) a fines de septiembre, hoy estalló: el Palacio de Gobierno fue prendido en llamas, tras seis horas de cerco y enfrentamientos que terminaron sin heridos pero con una de las oficinas centrales destruida y decenas de ventanas rotas.

Según ha trascendido en la prensa, la mayor parte de los participantes del asalto eran normalista de Ayotzinapa, es decir, compañeros de los 6 jóvenes que fueron asesinados y los 43 oficialmente desaparecidos la noche del 26 de septiembre, en circunstancias que todavía no se han aclarado.

La incompetencia por parte de los gobernantes es lo que ha generado olas de manifestaciones callejeras, donde la violencia de ambos bandos es manifiesta. Si bien el gobernador Ángel Aguirre asegura que las fosas encontradas con decenas de personas calcinadas, en las afueras de Iguala, no correspondían a los normalistas, los ánimos no se han relajado. Mientras el gobierno no identifique con rapidez los cuerpos descubiertos o aporten respuestas certeras sobre el paradero de los estudiantes, – situación que tiene sumido en dolor a familiares y amigos– es posible que la situación política y el estallido social empeoren.