El “Glass Pavillion” alojará la instalación de la obra homónima de la artista Mónica Fuster. La pieza en cuestión consiste en un conjunto de esferas metálicas invisiblemente conectadas entre si y fabricadas en neodimio y stiloleno, que forman una figura de 14 metros de diámetro “flotando” a 1 metro de altura, gracias al campo electro-magnético creado por un equipo oculto bajo el pavimento, desde donde se genera la atracción constante que las mantiene en levitación.

Por su constitución técnica y también por su propio carácter mágico, la pieza debe permanecer confinada en un espacio no accesible pero ofreciendo la máxima visibilidad y liviandad, gracias a una arquitectura a la que se impone la desaparición en el momento de la visión de la obra de arte.