Su talento como director de teatro le permitió aportar ironía e ingenio a una serie de películas exitosas tales como «Frankenstein» (1931) de la novela escritapor Mary Shelley, catapultando a la fama a su interprete el inglés Boris Karloff, dicho film encasilló al director en el cine de horror.

En «El Caserón de las sombras» (1932) introdujo muchas de las convenciones que aún hoy se utilizan en el género, inspirándose en directores alemanes como F.W Murnau («Nosferatu» 1922 y «Fausto» 1926) para utilizar una iluminación expresionista y la cámara en movimiento.

No pueden dejar de ver «La novia de Frankenstein» 1935 ( Whale se negó a realizar esta secuela hasta que logró tener total control creativo de ella) y «The Invisible Man» (1933) con Claud Rains.