En la Mesopotamia Argentina, al Noreste de la Provincia de Misiones y a una hora de las Cataratas de Iguazú, se están construyendo una serie de edificios autosuficientes -diseñados por el Estudio Borrachia Arquitectos- como parte de un emprendimiento integral de eco-turismo llamado Karadya Bio-reserva.

Promovidos por una pareja de biólogos en el corazón del corredor biológico que une o separa a los parques naturales provinciales Urugua-í y Foerster, en una zona única en el mundo por su biodiversidad y características ambientales, estos edificios reflexionan acerca de la necesaria relación simbiótica entre naturaleza y arquitectura.

Se desarrolló una exhaustiva mirada sobre la selva, analizando sus diferentes estratos, y la flora y la fauna que se desprenden de ellos; y un concepto claro, totalmente preservacionista: que la arquitectura no altere en nada estos ecosistemas, sino que los potencie o que participe como una pieza activa del conjunto. Esto se sumó a las premisas que surgen del tipo de turismo que se intenta desarrollar, permitiendo que cada uno de los edificios se relacione con la selva, sus estratos y particularidades, activando mecanismos de cohesión y colocando al habitante como un observador/testigo de los procesos naturales de los que los mismos edificios participan.

Así se han proyectado cinco edificios, de los cuales hasta el momento se han construido dos.

Los que siguen en etapa de elaboración son: el MIRADOR, una cabaña que disfruta del estrato selvático más alto y las vistas lejanas, la CABAÑA PUENTE, por la que atraviesa un pequeño arroyo y que se nutre de la fauna y flora de las zonas más húmedas de la selva y las MADRIGUERAS, unas construcciones muy pequeñas que se colocan a ras del suelo y en contacto directo con el estrato inferior.

Y los construidos son: la TORRE, el único de ellos que atravesando los distintos estratos de la selva se eleva hasta la copa de los árboles, colocándose a la altura de observación de una fauna y flora particular para cada estrato, y el SUM, recientemente finalizado y motivo de la presente nota: un edificio de 40 metros de largo por 6 de ancho, que contiene todos los programas sociales y comunes de la reserva (comedor, estar, auditorio, cocina y servicios) y que emerge de la selva por entre los árboles hacia una fuerte pendiente, marcando la entrada a todo el biolodge.

Posado sobre un claro en tierras altas, su ubicación fue pensada para que la relación estrecha con la selva, buscada por todos estos edificios, se diversifique y extienda, a manera de un recorrido, exacerbada por la proporción del SUM como un lento transcurrir desde el llano, y la flora y fauna que se relacionan con la cota cero, hasta los estratos más altos de la selva, tomando distancia, y buscando vistas lejanas hacia los parques provinciales que lo rodean.

En este largo recorrido horizontal el edificio atraviesa distintos tipos de selva a una misma altura y por ende distintos tipos de flora y fauna. Desde la selva tupida y virgen con árboles añejos, hasta zonas que han sido taladas en algún momento y vuelto a crecer, el edificio muestra una flora incipiente y más joven, para luego llegar a asomar en una fuerte pendiente a la altura de la copa de los árboles y hacia la privilegiada vista del horizonte de la llamada mata atlántica.

Este recorrido planteado también se puede realizar atravesando el edificio por dentro; inicia en el acceso por un patio de llegada, transcurre por el salón, las gradas del auditorio, el estar y su terraza de expansión, para finalizar en la azotea, un espacio de deck que cubre los 40 metros de largo escondiendo al programa complejo que se encuentra debajo. Cuando la «cabeza» del edificio asoma por entre la selva la explanada funciona como un extenso mirador.

Este gesto de elevación que secciona al edificio en dos y lo contrapone con la pendiente, permite que el interior, apto para funcionar como comedor, estar y lugar de intercambio social, se transforme según sea necesario, en un auditorio o aula que reciba eventos de divulgación científica o de concientización ecológica, a los biólogos, investigadores y amantes de la naturaleza que se congregan en este tipo de sitios.

El edificio fue concebido íntegramente en madera, desde su estructura de soporte hasta el sistema de revestimientos, de tecnología autóctona y tradicional (basado en el sistema de tabla y tapa-juntas) y activado por diferentes mecanismos pasivos de acondicionamiento interno; recolección y calentamiento de agua; refrigeración y calefacción por geotermia, ventilaciones cruzadas, cubierta con espacio de cámara de aire o sobre techo, etc. El SUM, al igual que todas las demás construcciones pensadas para la bio-reserva, explotan en el sentido no invasivo los condicionantes del sitio, al mismo tiempo que los materiales y la mano de obra local, produciendo una simbiosis total con el medio socio ambiental de su emplazamiento.

Entendemos que este relevamiento particular de la selva, sus diferentes estratos, y el comprender a la arquitectura como un catalizador en estado activo y de interacción con las diferentes especies de flora y fauna que pueblan el lugar, tiene como objetivo fundamental el promover una manera de pensar y hacer arquitectura en consonancia con las necesidades de un mundo que reclama cambios en nuestra forma de interactuar con el ámbito natural.

Todo lo que resta es dejar el campo abierto a la experimentación y trabajar con el cuidado que estos lugares esenciales para la vida en la tierra merecen.