Luego de que se efectuara una compleja deliberación sobre qué hacer con la famosa cueva de Altamira, –ubicada al norte de España- se decidió durante la tarde de ayer que este tesoro de la Prehistoria abra sus puertas definitivamente  a todo aquel que quiera visitarlas.

Una cuestión de ética antropológica recae sobre estos sitios: ¿es aconsejable exponer piezas invaluables y únicas a los peligros del mundo externo sólo para garantizar el rédito económico que brinda el turismo? La respuesta, en este caso, se ha alcanzado en torno a lo último.

A partir de ayer, la Cueva de Altamira se convirtió en la primera cueva de estas características en ser abierta al público. Previamente, se habían realizado un conjunto de visitas guiadas con el objetivo de determinar si la exposición a la vista humana perjudicaba el patrimonio cultural.

Debido a que los resultados de estos estudios dieron negativos, el Ministerio de Cultura ha concluido que el desgaste de la famosa caverna prehistórica de los bisontes pintados se debe a causas naturales y no a las consecuencias propias y esperables del turismo antropológico.

Las visitas consistirán en breves observaciones divididas en grupos. Los guías se encargaran de formar grupos de hasta cinco personas entre los turistas interesados y los harán ingresar a la cueva de Altamira durante un lapso de 37 minutos. Luego, otro grupo repetirá la acción.

La Cueva de Altamira es un patrimonio cultural –descubierto en 1879- que cuenta con 18.000 años de antigüedad. Sólo existen tres cavernas de este estilo en el mundo. Las otras dos, Lascaux y Chauvet, se encuentran ubicadas en el sur de Francia pero no pueden ser expuestas a la luz.