El flim argentino protagonizado por Esteban Lamothe, que estrenó comercialmente el último jueves, relata los turbulentos momentos y pensamientos que sufre un jugador de fútbol que se encuentra con el retiro y la obligación de comenzar de cero.

En los cien minutos se ve como el Patón Bonassiolle (Lamothe) – mezcla del verdadero Sergio Bonassiolle y otros jugadores del club de Remedios de Escalada que conoció su director Adrián Biniez – pasa de ser el ídolo y capitán del equipo de la Primera C, a retirarse a sus 35 años, por lo que se encuentra con la obligación económica de buscar otro trabajo.

Después de décadas corriendo detrás de la pelota, se plantea terminar el secundario con todas las complicaciones que le plantea, sobre todo porque divide su tiempo en los entrenamientos y su trabajo de fumigador que debe hacer ante los sueldos atrasados que tiene Talleres.

Pero el amor que se muestra en el film va más allá del que se puede sentir por el deporte – que lo hace llorar en el piso de un estacionamiento varios días después de haber tomado la desición, algo que al principio quiso que no influyera en su rutina – o por su incondicional mujer (Julieta Zylberberg, pareja de Lamothe en la vida real) que lo acompaña en todos los partidos y lo ayuda a estudiar para los exámenes, así también como soporta sus enojos y peleas.

El acierto de Biniez – ganador del Oso de Plata en el Festival de Berlín en 2009 por su hasta entonces único largometraje, “Gigante”, y quien además recibió el premio al mejor corto en el BAFICI 2005 por “8 Horas” – estuvo también en el guión, que también estuvo a cargo de él. Allí pudo crear un ambiente futbolístico muy familiero, mientras construyó un claro paralelismo entre el estado de ánimo del Patón y el resto del plantel, y los resultados conseguidos (es muy divertido cuando, después de una arenga recontra animadora, la imagen corta a la placa que muestra el resultado en contra que sufrieron contra Sacachispas, cuando previamente se habían burlado de la última posición que éstos ocupaban).

La forma de filmar el último partido, en donde Bonassiolle fue reemplazado ante Dock Sud una fecha después de anotar su único gol de la temporada, fue digna del momento tan importante en la vida del protagonista, mostrando las tribunas con verdaderos hinchas y planos abiertos que había evitado en la representaciones de los anteriores partidos, seguramente porque no habían contado con un verdadero estadio para el rodaje y esa puesta en escena.

También el último acto, ya con Lamothe alejado del deporte, no muestra un epílogo hollywoodense en donde podrían haberlo mostrado desilusionado con la decisión tomada, sino que se lo ve repartiendo comida junto a su mujer, siendo feliz mientras todavía recuerda sus partidos en inferiores, fiel a la vida de los futbolistas de esas categorías y la realidad recreada en la película.